Fue obra de mi unicornio Cuernito, obviamente, porque ¿quién más en mi casa podría haberlo hecho? En fin, la cosa es que desperté a la mañan...

CUANDO MI GATO FUE HUMANO (1)

Fue obra de mi unicornio Cuernito, obviamente, porque ¿quién más en mi casa podría haberlo hecho? En fin, la cosa es que desperté a la mañana y, en lugar de ver la negra cara de mi gato asomando junto a mi cama, me encontré de pronto con un jovencito moreno de ojos dorados.

Menudo susto del carajo me pegué. Tras dar un salto en la cama y buscar el objeto contundente más cerano (el ventilador), encaré al jovencito pensando que debía de tratarse de un ladrón.

—¿Mamá? —dijo el muchacho, lo cual me confundió todavía más.

—¿De qué estás hablando? ¿Quién eres tú? Yo no soy tu m...

Entonces caí en cuenta de que el jovencito tenía exactamente el mismo color de ojos que mi gato, así como una cicatriz en la oreja derecha.

—¿Osito? ¿Eres tú?

—Me siento raro, mamá.

Bajé de la cama y abracé a mi pobre gato convertido en humano.

—Tranquilo, todo está bien. ¡Cuernito! ¡¿Qué carajo has hecho esta vez?!

Mi unicornio asomó su preciosa cabeza poniendo cara de "no sé de qué estás hablando".

—¿Le estornudaste a Osito en la cara, o acaso estabas aburrido y decidiste experimentar con tu magia? ¡Esto no es gracioso! ¿No te alcanzó con haber agrandado a mi gato por accidente hace dos años? ¡Vuelve a convertirlo en lo que era!

Entonces Cuernito tuvo el descaro de ¡sacarme la lengua y escapar corriendo!

—¡¿Pero qué te has creído, pedazo de... de... de...?!

Y ahí me quedé sin palabras, ya que mi unicornio es demasiado bonito y adorable. ¿Cómo podría reprocharle travesura alguna? De verdad, sería como enfadarse con un arco iris del que lloviesen bombones de chocolate rellenos de coco, crema de menta y/o licor de fresa (ñam ñam).

Sin embargo, el problema persistía: mi gato ya no era un gato sino un muchacho. ¿Cómo manejar tal situación? Mi pobre Osito se estaba poniendo muy nervioso, además.


—Ya, ya, mi precioso. No pasa nada, simplemente ya no eres un gato sino un humano. Encontraré la manera de devolverte a tu forma original. Ven, tal vez te calme un poco de comida.

Le puse a mi gat... digo, a mi muchacho, un plato de arroz con pollo. Al principio tuve que alimentarlo yo misma, ya que Osito no sabía cómo coger un tenedor.

—¿Qué pasó con mis bellas garritas? ¿Para qué sirven estos apéndices tan largos?

—Son dedos, mi amor. Se usan para sujetar cosas.

—No parecen muy út... —Cogió el tenedor y le dio varias vueltas—. Oh. De acuerdo, creo que ya entendí cómo funcionan.

Masticó dos o tres bocados de pollo pero miró el arroz con desconfianza.

—¿Son larvas de bichos? ¿Por qué no se mueven?

—No son larvas, son semillas de una planta.

—¿Una planta? Yo no como plantas, sólo cosas que caminan, se arrastran o vuelan.

—No te preocupes, los humanos sí podemos comer plantas. Prueba el arroz, tal vez te guste.

Al final sí le gustó, y se calmó bastante después de eso. Entonces me dijo:

—¡Estoy casi calvo y cubierto de una extraña piel que no es mía!

—Se llama "ropa", cariño. Es lo que usamos los humanos a falta de pelaje. ¡Y mira, así ya no se te subirán las pulgas! —Decidí no contarle que existen los piojos.

—¿Pulgas?

—Sí, esos bichitos molestos que hacen que te rasques y que me obligan a ponerte en el cuello ese líquido que huele tan feo.

—Ah.

—¿Verdad que así te sientes un poco más fresco, con este calor horrible que hace ahora?

—Bueno, sí. Pero ¿cómo se supone que voy a vivir ahora? ¿Puedo tirarme en el piso a dormir una siesta? Espera, ¿por qué ya no tengo ganas de dormir una siesta, si es la hora de mi primera siesta?

—Los humanos sólo dormimos ocho horas al día.

Osito abrió los ojos como platos.

—¿SÓLO OCHO HORAS AL DÍA? ¿¿Y cómo cuernos hacen para funcionar??

—Tranquilo, es lo normal para nuestra especie. El problema es que ahora tendremos que buscarte otras cosas que hacer. Mmmm, ¿quieres jugar a algo?

Fui a buscar el puntero láser pero no le llamó la atención.

—¿Por qué ya no me parece divertido tratar de pillar el puntito brillante? ¿Y por qué tiene un color distinto ahora? —Osito miró en derredor—. Todo tiene colores distintos, ahora que lo pienso.

—Sí, bueno, es que los humanos vemos más colores. Ven, ya sé qué podemos hacer para entretenerte.

Pasamos las siguientes dos horas jugando a rebotar una pelota contra la pared :-D Lo sé, no fue muy imaginativo de mi parte, pero es que hacía DEMASIADO calor.

Osito lo pasó un poco mejor a la hora del almuerzo. Le gustaron las frutas, no le hicieron mucha gracia las verduras (bueno, seamos realistas: a muchos humanos tampoco les hacen gracia) y AMÓ el chocolate.

—¡Esto es delicioso! —dijo entre bombón y bombón—. ¿Por qué nunca me diste nada de esto?

—Disfrútalo mientras puedas, cielete, porque los gatos no sólo no pueden sentir el sabor dulce sino que además el chocolate les resulta tóxico.

—Bue. Qué mal.

—Más tarde te serviré una porción de helado de chocolate.

Osito sonrió. Noté que seguía teniendo unos colmillos bastante largos, lo cual me pareció algo escalofriante en un rostro humano, como si fuera un vampiro.

En fin, después de enseñarle a Osito cómo ir al baño (o sea, el de mi casa, no su caja sanitaria) pasamos varias horas charlando frente al ventilador. Le expliqué a mi nene por qué no le permito salir al jardín a determinadas horas (automóviles y gente que pasea a sus perros sin correa), por qué no le permito asesinar aves, cuánta ternura me da cuando pide mimos, y lo poco que me importa que llene todo de pelos, ya que para algo están las aspiradoras (aquí aproveché para decirle que la aspiradora es inofensiva; el pobre siempre se asusta cuando la enciendo).

Él habló un poco menos; básicamente me dio a entender que es muy feliz viviendo conmigo, sobre todo cuando le permito dormir en mi regazo. Esto yo ya lo sabía, sin embargo :-)

Mientras tanto, mi unicornio seguía desaparecido, el muy sinvergüenza (o tal vez estaba pegado a una pared y yo no era capaz de verlo debido a sus poderes camaleónicos). ¡Pequeño cabrón mágico tierno y dulce como un pastelito!

En fin, apenas disminuyó un poco el calor, puse algo de música y le enseñé a Osito a bailar :-) ¡Lo hizo bastante bien para ser la primera vez! Debió de ser por toda la práctica que ha adquirido tratando de pillar sus juguetes en el aire cuando juego con él.

—¡No sabía que bailar fuera tan divertido! —exclamó—. ¡Me encanta esto que llamas "música"! ¿Por qué no me gustaba antes?

—Eso no lo saben ni los científicos, precioso mío. Tendrías que haber nacido loro en lugar de gato. ¡Oh, espera, quizás te resulten graciosos los vídeos de loros y cacatúas bailando! ¡Ven, te mostraré algunos!

Empezamos con los vídeos de loros y cacatúas y terminamos riéndonos con los vídeos de gatos, como era de esperarse.

—¡Mami, mami, si vuelvo a ser gato quiero que me consigas una de esas cosas que dan vueltas por el piso!

Se refería a un robot aspiradora :-) Le prometí conseguirle uno para su próximo cumpleaños (pero más vale que no se asuste de él cuando al fin lo tenga delante y moviéndose, ¿eh?).

Finalmente cayó la noche.

—¿Por qué está todo tan oscuro? —preguntó mi muchachito.

—Es que los humanos no vemos tan bien en la oscuridad. Espera, iré a encender la luz.

Eso hice.

—¡Oh, por fin lo entiendo! —exclamó Osito—. ¡Así es como logras que sea de día y luego de noche!

Cinco minutos después tuve que apartar a Osito del interruptor porque no dejaba de toquetearlo, súper fascinado con su nuevo descubrimiento.

—Ya, ya, bebé, vamos a cenar. A ver qué te parecen las zanahorias y los maníes. Y el helado de chocolate, ¿recuerdas?

—Eres tan atenta conmigo, mamá.

Osito recostó su humana cabeza en mi hombro. Le di un beso en el pelo. Conste que nos llevamos así cuando él es un gato, por lo que ambos gestos no fueron nada nuevo.

En fin. Cenamos, vimos en la tele la película La vida secreta de tus mascotas, y por último saqué para Osito la cama que está debajo de mi cama.

—A ver si mañana consigo que Cuernito te devuelva a tu forma gatuna —le dije a mi nene tras besarlo en la frente.

—Bueno. Pero no está del todo mal esto de ser humano, al menos por ahora. Me gustó el helado.

—Me alegro.

—¿Mami?

—¿Sí, cariño?

—Noté algo extraño cuando fui a hacer pipí.

—¿Qué cosa?

—¿Por qué no tengo bolas ahí abajo?

—¡Hasta mañana, que duermas bien!

Apagué la luz y fingí dormirme de inmediato :-P

G. E.

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2 comentarios:

  1. Uy, ya te hizo la pregunta incómoda, quiero ver como te las arreglas.
    Toda una travesura la del Unicornio. Lo contaste con tanto detalle, con precisión.
    ¿Como continuará?

    Besos.

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    Respuestas
    1. ¡No pienso responderle esa pregunta a mi Osito! ¡Nanay! :-D Pronto subiré la continuación. ¡Gracias por la visita y el comentario!

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