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31 de octubre de 2019

PAYASOS, CALABAZAS Y UN AMIGO INVITADO

—¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? —le pregunté a mi amigo Luismi—. A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

—Eh... —balbuceó mi pobre amigo.

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

Viendo que mi amigo Luismi aún lucía confundido, le puse una cimitarra en las manos.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Gritando como espartanos de la peli 300, los dos corrimos entonces hacia...

Mmmm, tal vez sea mejor que empiece por el principio, ya que estoy viendo más caras confundidas aparte de la de Luismi :-)

Me levanté en la mañana del 31 de octubre pensando qué disfraces podríamos usar Donald, Cuernito y yo en esta ocasión. ¿De Hugo, Paco y Luis? ¿Las tres brujas de la peli Abracadabra? ¿O tal vez algo verdaderamente terrorífico, como Trump, Putin y Nicolás Maduro? Decisiones, decisiones.

En fin, en medio de tales consideraciones mandé a mi Donaldito a España a buscar a mi amigo Luismi Sabio (autor del blog Sick of Hell), después de lo cual pensé en opciones de disfraces para cuartetos. ¿Trump, Putin, Nicolás Maduro y Kim Jong-un? Nah, demasiado horror junto, causaríamos pánico en el vecindario. ¿Vimes, Zanahoria, Nobby y la capitana Angua, de la guardia nocturna de Ankh-Morpork? Mmmm, podría ser. ¿O qué tal algunos personajes de Stephen King, como los pistoleros de La Torre Oscura?

Cuernito estornudó en ese momento. Estoy más o menos segura de que ése fue el detonante de todo lo que vino a continuación, ya que a los pocos minutos vi por el rabillo del ojo que alguien nos espiaba a través de la ventana, un rostro muy cargado de maquillaje y bastante tenebroso. No, no al estilo Donatella Versace (aunque se le parecía bastante, la verdad), sino más bien de...

—¿Eso fue un payaso? —Cuernito se giró para mirar pero la cara ya había desaparecido—. Aj, tal vez fue el hijo de los vecinos, probando su disfraz para la Noche de Brujas. No importa. ¿En qué estaba? Ah, sí. ¿Harry Potter, Ron, Hermione y Luna? ¿O mejor Dobby en lugar de Luna? —Cuernito hizo una mueca, no muy convencido—. O podríamos ser las tres hadas de La bella durmiente más Maléfica. Hablo de las versiones animadas, no las de la peli Maléfica. ¡O tal vez algunos personajes de Dreamworks! ¿Shrek, Fiona, Burro y la dragona? ¿O los Croods?

Así se nos pasó la mitad de la tarde. Fui a hacer unos recados, no obstante... y por el camino me pareció ver más payasos horrendos. Supuse que eran personas disfrazadas, y no le di más importancia al asunto hasta que volví a casa cargada de caramelos para repartir a los niños.

Vi entonces a Cuernito peleando con uno de los payasos en el porche de mi casa. Peleando en serio. Cuernito le pegó coces, le mordió el trasero y finalmente lo empaló con su cuerno. La sangre salpicó en todas direcciones. A causa de la impresión, dejé caer al suelo las bolsas de caramelos.

—¡¿Pero qué has hecho?! —exclamé—. ¡Entiendo que no te gusten los payasos, mira que yo también los aborrezco, pero no es razón para cometer un homicidio! ¡Y has ensuciado de sangre todo mi porche! ¿Sabes cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso? —(No me pregunten cómo es que sé cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso.)

Cuernito movió la cabeza de un lado a otro y me indicó que observara mejor al payaso. Di unos pasos hacia el cadáver.

—Ugh, qué mal huele. Y menudos dientes afilados. Y... —El payaso se desintegró a medias, generando nubecillas todavía más apestosas—. Oh. ¿Era un payaso macabro de verdad? —Cuernito asintió—. Esto es obra tuya, seguro. No debí mencionar a Stephen King justo antes de que estornudaras. —Cuernito se encogió adorablemente de hombros—. Ay, qué precioso eres. Toma una paleta de fresa.

Antes de que pudiera decidir qué hacer con los restos del cadáver, de pronto se escucharon gritos por todo el vecindario. ¡Los demás payasos macabros estaban atacando a los vecinos!

—Bue. Me da que tendré que cambiar los planes para la Noche de Brujas. ¿Dónde puse mi hacha? —(No me pregunten por qué tengo un hacha.)

Un payaso especialmente horrendo se tiró encima de la vieja miserable de al lado. Esperé a que terminara de comérsela antes de clavarle el hacha en el cogote, por supuesto (muajajaja, adiós, vieja miserable de al lado).

Poco después mi dragón bajó del cielo trayendo a Luismi. Para ese entonces la batalla estaba en pleno apogeo, de modo que me limité a darle un abrazo rápido (cuidando de no salpicarle encima la sangre que goteaba de mi hacha) antes de decirle:

—¡Qué alegría verte por fin en persona! —Me detuve un segundo para reventar a otro payaso, clavándole el hacha en el esternón—. Tenemos una pequeña situación aquí, espero que no te moleste colaborar. ¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

Una horda de payasos se aproximaba por el lado este de la calle.

—Eh... —balbuceó Luismi al verlos. Me dirigió una expresión de "qué carajo está pasando aquí".

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

A falta de una respuesta, saqué la cimitarra de mi arsenal (no me pregunten por qué tengo un arsenal) y la puse en sus manos indicándole cómo sostenerla.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Luismi, bendito sea, desistió de pedir explicaciones y en cambio me siguió la corriente, de modo que ambos corrimos gritando hacia la horda payasesca. Donald voló en la dirección contraria, incinerando enemigos al estilo Drogon en Juego de tronos.

Cayó la noche y todavía estábamos matando payasos, salvo que para ese entonces se nos había unido más gente y alguien puso death metal en unos altavoces potentes. Bien. Nada como matar payasos macabros (o simplemente molestos, hay que decirlo) a ritmo de death metal :-)

(Hablando de payasos molestos, es posible que por accidente hayamos matado a un payaso común y corriente que justo pasaba por ahí. Nadie parece haberlo echado de menos, sin embargo.)

No sé qué más hizo Cuernito accidentalmente con su magia (o quizás fue culpa de algún otro unicornio; es decir, no me he molestado en hacer un censo de criaturas mitológicas en mi vecindario, tal vez haya alguna otra), pero en algún momento, además de los payasos, aparecieron murciélagos vampiro y calabazas malvadas con patas. Menos mal que teníamos suficientes armas y municiones, incluyendo un par de AK-47 (no me pregunten de dónde sacamos los AK-47).

—¡Duro con ese Pennywise, Luismi! —exclamé en medio de la batalla—. ¡Bien hecho, Donaldito, pégales de lo lindo a esos dos! ¡Eh, Cuernito, deja de posar para el dibujo del blog y destruye esa calabaza antes de que se coma a mi gato! —(Gatete tonto. Seguro se escabulló fuera de la casa al ver a los murciélagos, ya que le encanta cazar cualquier bicho rastrero y/o volador. No vean el dineral que me ahorra en cucarachicidas.)


La matanza de payasos duró hasta la medianoche. El vecindario quedó hecho un asco. A fin de tener energía, nos comimos todos los caramelos que habíamos comprado para los críos (total, ningún crío se atrevió a salir de su casa con tanto payaso macabro suelto).

Y claro, después hicimos una fiestota de celebración, a pesar de que técnicamente ya había pasado la Noche de Brujas y no habíamos tenido tiempo de difrazarnos (lo cual resolvimos diciendo que nos habíamos disfrazado de asesinos profesionales de payasos macabros, ¡ja!).

—Espero que no te hayas arrepentido de venir —le dije a mi amigo Luismi—. Lamento lo de tus ropas. No creo que esas manchas de sangre de payaso macabro vayan a desaparecer en la lavadora.

—¡Pero qué dices, tía, si me he divertido un montón! ¿Puedo llevarme la cimitarra como recuerdo?

—¡Claro que puedes! Tengo más. —(No me pregunten por qué tengo más de una cimitarra.)

—¡Estupendo! —Luismi blandió la cimitarra. Estuvo a punto de decapitar por accidente a un vecino que se había sumado a la fiestota—. ¡Ups, perdón!

Brindamos con limonada (para las borrachinas ya tuvimos la Oktoberfest días atrás), mandamos a Cuernito a limpiar el vecindario con sus poderes mágicos, y por último consolamos a mi pobre gato traumatizado por su encuentro con la calabaza asesina. Resumiendo, fue una excelente Noche de Brujas :-)

G. E.

PD: El incidente no hizo que nadie dejara de odiar a los payasos.

PPD: Le puse una mascarilla a mi unicornio Cuernito. Al parecer es un poco alérgico al polen primaveral, de ahí los estornudos. Se la sacaré cuando estemos cerca de la Navidad. Con un poco de suerte estornudará de nuevo y ocurrirá algo maravillosamente antinavideño, como una invasión renos zombis o elfos demoníacos :-)

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2 comentarios:

  1. Menuda noche...¡la mejor noche de brujas! Tuve mucho tiempo de hablar con Donald (creo que me aborreció un poco y desconectó su mente en algún momento)y de premio le tenía varias palomas esperando en la Plaza de la Catedral de Almería para que cogiese fuerzas al regreso.
    Estoy deseando tener nuestro próximo encuentro y gracias por esta invitación.

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    Respuestas
    1. ¡Me alegra que te hayas divertido! Pero no te preocupes, mi Donaldito ha dicho que a título general le caíste muy bien :-) ¡Besos!

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