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31 de octubre de 2019

PAYASOS, CALABAZAS Y UN AMIGO INVITADO

—¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? —le pregunté a mi amigo Luismi—. A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

—Eh... —balbuceó mi pobre amigo.

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

Viendo que mi amigo Luismi aún lucía confundido, le puse una cimitarra en las manos.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Gritando como espartanos de la peli 300, los dos corrimos entonces hacia...

Mmmm, tal vez sea mejor que empiece por el principio, ya que estoy viendo más caras confundidas aparte de la de Luismi :-)

Me levanté en la mañana del 31 de octubre pensando qué disfraces podríamos usar Donald, Cuernito y yo en esta ocasión. ¿De Hugo, Paco y Luis? ¿Las tres brujas de la peli Abracadabra? ¿O tal vez algo verdaderamente terrorífico, como Trump, Putin y Nicolás Maduro? Decisiones, decisiones.

En fin, en medio de tales consideraciones mandé a mi Donaldito a España a buscar a mi amigo Luismi Sabio (autor del blog Sick of Hell), después de lo cual pensé en opciones de disfraces para cuartetos. ¿Trump, Putin, Nicolás Maduro y Kim Jong-un? Nah, demasiado horror junto, causaríamos pánico en el vecindario. ¿Vimes, Zanahoria, Nobby y la capitana Angua, de la guardia nocturna de Ankh-Morpork? Mmmm, podría ser. ¿O qué tal algunos personajes de Stephen King, como los pistoleros de La Torre Oscura?

Cuernito estornudó en ese momento. Estoy más o menos segura de que ése fue el detonante de todo lo que vino a continuación, ya que a los pocos minutos vi por el rabillo del ojo que alguien nos espiaba a través de la ventana, un rostro muy cargado de maquillaje y bastante tenebroso. No, no al estilo Donatella Versace (aunque se le parecía bastante, la verdad), sino más bien de...

—¿Eso fue un payaso? —Cuernito se giró para mirar pero la cara ya había desaparecido—. Aj, tal vez fue el hijo de los vecinos, probando su disfraz para la Noche de Brujas. No importa. ¿En qué estaba? Ah, sí. ¿Harry Potter, Ron, Hermione y Luna? ¿O mejor Dobby en lugar de Luna? —Cuernito hizo una mueca, no muy convencido—. O podríamos ser las tres hadas de La bella durmiente más Maléfica. Hablo de las versiones animadas, no las de la peli Maléfica. ¡O tal vez algunos personajes de Dreamworks! ¿Shrek, Fiona, Burro y la dragona? ¿O los Croods?

Así se nos pasó la mitad de la tarde. Fui a hacer unos recados, no obstante... y por el camino me pareció ver más payasos horrendos. Supuse que eran personas disfrazadas, y no le di más importancia al asunto hasta que volví a casa cargada de caramelos para repartir a los niños.

Vi entonces a Cuernito peleando con uno de los payasos en el porche de mi casa. Peleando en serio. Cuernito le pegó coces, le mordió el trasero y finalmente lo empaló con su cuerno. La sangre salpicó en todas direcciones. A causa de la impresión, dejé caer al suelo las bolsas de caramelos.

—¡¿Pero qué has hecho?! —exclamé—. ¡Entiendo que no te gusten los payasos, mira que yo también los aborrezco, pero no es razón para cometer un homicidio! ¡Y has ensuciado de sangre todo mi porche! ¿Sabes cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso? —(No me pregunten cómo es que sé cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso.)

Cuernito movió la cabeza de un lado a otro y me indicó que observara mejor al payaso. Di unos pasos hacia el cadáver.

—Ugh, qué mal huele. Y menudos dientes afilados. Y... —El payaso se desintegró a medias, generando nubecillas todavía más apestosas—. Oh. ¿Era un payaso macabro de verdad? —Cuernito asintió—. Esto es obra tuya, seguro. No debí mencionar a Stephen King justo antes de que estornudaras. —Cuernito se encogió adorablemente de hombros—. Ay, qué precioso eres. Toma una paleta de fresa.

Antes de que pudiera decidir qué hacer con los restos del cadáver, de pronto se escucharon gritos por todo el vecindario. ¡Los demás payasos macabros estaban atacando a los vecinos!

—Bue. Me da que tendré que cambiar los planes para la Noche de Brujas. ¿Dónde puse mi hacha? —(No me pregunten por qué tengo un hacha.)

Un payaso especialmente horrendo se tiró encima de la vieja miserable de al lado. Esperé a que terminara de comérsela antes de clavarle el hacha en el cogote, por supuesto (muajajaja, adiós, vieja miserable de al lado).

Poco después mi dragón bajó del cielo trayendo a Luismi. Para ese entonces la batalla estaba en pleno apogeo, de modo que me limité a darle un abrazo rápido (cuidando de no salpicarle encima la sangre que goteaba de mi hacha) antes de decirle:

—¡Qué alegría verte por fin en persona! —Me detuve un segundo para reventar a otro payaso, clavándole el hacha en el esternón—. Tenemos una pequeña situación aquí, espero que no te moleste colaborar. ¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

Una horda de payasos se aproximaba por el lado este de la calle.

—Eh... —balbuceó Luismi al verlos. Me dirigió una expresión de "qué carajo está pasando aquí".

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

A falta de una respuesta, saqué la cimitarra de mi arsenal (no me pregunten por qué tengo un arsenal) y la puse en sus manos indicándole cómo sostenerla.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Luismi, bendito sea, desistió de pedir explicaciones y en cambio me siguió la corriente, de modo que ambos corrimos gritando hacia la horda payasesca. Donald voló en la dirección contraria, incinerando enemigos al estilo Drogon en Juego de tronos.

Cayó la noche y todavía estábamos matando payasos, salvo que para ese entonces se nos había unido más gente y alguien puso death metal en unos altavoces potentes. Bien. Nada como matar payasos macabros (o simplemente molestos, hay que decirlo) a ritmo de death metal :-)

(Hablando de payasos molestos, es posible que por accidente hayamos matado a un payaso común y corriente que justo pasaba por ahí. Nadie parece haberlo echado de menos, sin embargo.)

No sé qué más hizo Cuernito accidentalmente con su magia (o quizás fue culpa de algún otro unicornio; es decir, no me he molestado en hacer un censo de criaturas mitológicas en mi vecindario, tal vez haya alguna otra), pero en algún momento, además de los payasos, aparecieron murciélagos vampiro y calabazas malvadas con patas. Menos mal que teníamos suficientes armas y municiones, incluyendo un par de AK-47 (no me pregunten de dónde sacamos los AK-47).

—¡Duro con ese Pennywise, Luismi! —exclamé en medio de la batalla—. ¡Bien hecho, Donaldito, pégales de lo lindo a esos dos! ¡Eh, Cuernito, deja de posar para el dibujo del blog y destruye esa calabaza antes de que se coma a mi gato! —(Gatete tonto. Seguro se escabulló fuera de la casa al ver a los murciélagos, ya que le encanta cazar cualquier bicho rastrero y/o volador. No vean el dineral que me ahorra en cucarachicidas.)


La matanza de payasos duró hasta la medianoche. El vecindario quedó hecho un asco. A fin de tener energía, nos comimos todos los caramelos que habíamos comprado para los críos (total, ningún crío se atrevió a salir de su casa con tanto payaso macabro suelto).

Y claro, después hicimos una fiestota de celebración, a pesar de que técnicamente ya había pasado la Noche de Brujas y no habíamos tenido tiempo de difrazarnos (lo cual resolvimos diciendo que nos habíamos disfrazado de asesinos profesionales de payasos macabros, ¡ja!).

—Espero que no te hayas arrepentido de venir —le dije a mi amigo Luismi—. Lamento lo de tus ropas. No creo que esas manchas de sangre de payaso macabro vayan a desaparecer en la lavadora.

—¡Pero qué dices, tía, si me he divertido un montón! ¿Puedo llevarme la cimitarra como recuerdo?

—¡Claro que puedes! Tengo más. —(No me pregunten por qué tengo más de una cimitarra.)

—¡Estupendo! —Luismi blandió la cimitarra. Estuvo a punto de decapitar por accidente a un vecino que se había sumado a la fiestota—. ¡Ups, perdón!

Brindamos con limonada (para las borrachinas ya tuvimos la Oktoberfest días atrás), mandamos a Cuernito a limpiar el vecindario con sus poderes mágicos, y por último consolamos a mi pobre gato traumatizado por su encuentro con la calabaza asesina. Resumiendo, fue una excelente Noche de Brujas :-)

G. E.

PD: El incidente no hizo que nadie dejara de odiar a los payasos.

PPD: Le puse una mascarilla a mi unicornio Cuernito. Al parecer es un poco alérgico al polen primaveral, de ahí los estornudos. Se la sacaré cuando estemos cerca de la Navidad. Con un poco de suerte estornudará de nuevo y ocurrirá algo maravillosamente antinavideño, como una invasión renos zombis o elfos demoníacos :-)

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20 de octubre de 2019

MUNE: EL GUARDIÁN DE LA LUNA

Otra vez me tocó pillar en el cable una película poco conocida pero interesante: Mune: El guardián de la luna. Es una peli animada francesa del género fantástico, diría que para niños entre 6 y 10 años, aunque cualquiera podría disfrutarla porque tiene una animación muy bonita.


¿De qué va? Bueno, básicamente transcurre en un mundo donde tanto la luna como el sol deben ser custodiados por guardianes. Es la época en la que los guardianes viejos han de ceder sus cargos, pero la criaturita que hace la selección del guardián de la luna elige a Mune en lugar del aprendiz que supuestamente debía heredar el puesto.

Mune es una criatura joven e inocente, de buen corazón. Todos lo desdeñan porque no creen que esté capacitado para ser el guardián de la luna. Él mismo tampoco se considera idóneo para la tarea, y durante la primera noche comete un error que desencadena una serie de problemas... lo cual trae de vuelta a un antiguo enemigo que había permanecido oculto por mucho tiempo.

La trama es simplemente hermosa, así como todos los personajes (incluyendo a una valiente muchachita de cera). El final es muy conmovedor. En suma, recomiendo muchísimo esta película para los más pequeños :-)

G. E.

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14 de octubre de 2019

UN LAGO DE CERVEZA Y MONSTRUOS DE HIELO BORRACHOS

¡Yipi, Oktoberfest! Hora de celebrarla... ¿cómo y dónde? Ains, no es fácil ser originales, ¿verdad?

—¿Qué creen que deberíamos hacer este año? —les pregunté a Donald y Cuernito.

Ellos se miraron un momento, se dijeron algo en un idioma que inventaron para charlar entre sí (algo acorde a sus aparatos vocales, ya que por alguna razón no les sale hablar en español), y entonces hicieron lo siguiente: Cuernito utilizó su magia para conjurar un globo terráqueo holográfico y Donald se tapó los ojos antes de elegir al azar un punto del planeta.

—¡Órale! —exclamé mientras me esforzaba por determinar dónde quedaba el sitio en cuestión, puesto que el globo holográfico no mostraba nombres por ningún lado.

En fin, menos mal que existe Google Earth :-) El punto elegido por Donald resultó ser ¡el Lago Baikal, en Rusia! ¡Una de las cosas que afanaría si pudiera!

De pronto me vino una duda a la mente, sin embargo:

—¿Cómo planean que celebremos la Oktoberfest ahí? —les pregunté a Donald y Cuernito—. O sea, estamos hablando de un lago. Y creo que a los rusos les gusta más el vodka. (Abrí Google para averiguar si los rusos celebran o no la Oktoberfest. Parece que sí. OK, no sólo beben vodka, pues.)

Donald me hizo un gesto con la mano para darme a entender que ellos se encargarían de todo. Volamos a Rusia, por lo tanto, y, tras unas cuantas paradas, aterrizamos junto al Lago Baikal.

(Antes de que me pregunten cómo hacemos para evitar los radares aéreos en los vuelos internacionales, bueno, es que mi Donaldito es un dragón y simplemente no lo detectan. Y en caso de toparme yo con alguna autoridad, tengo pasaporte de la Unión Europea y mi aspecto no es nada amenazador; las personas asumen, por lo tanto, que soy una simple turista, y me desean que lo pase bien en su país.)

—Bueno, ¿y ahora qué? —pregunté—. ¿Dónde está la cerveza? ¿Vas a convertir el lago como lo hiciste con el Arroyo Pantanoso hace dos años, Cuernito mío? Es un lago grande. Va a ser mucha, mucha cerveza.

Mi unicornio sacudió de un lado a otro su hermosa cabecita, apoyó su cuerno en el agua... y entonces, como si se tratara de la reina Elsa en la peli Frozen, la superficie del lago se convirtió en una capa perfectamente plana de cerveza congelada, con esculturas aquí, allá y acullá de jarras enormes llenas de cerveza líquida. Cuernito tuvo además la gentileza de añadir esculturas de bellos y poderosos guerreros germánicos semidesnudos, todos con una espada en la mano y una jarra en la otra.

—¡Oh, esto sí que pinta bien! —exclamé—, pero ahora necesitaré unos pat... ¡UAAAAAAA!

Quedé despatarrada en el hielo después del resbalón. Mi Donaldito me ayudó a levantarme al tiempo que Cuernito transformaba mis zapatillas de deporte en patines.

—Gracias, Cuernito precioso. Ay, ay, ay, mi pobre coxis. —Me masajeé un poco el trasero hasta que dejó de doler—. Muy bien, ¡¿quiénes están listos ahora para celebrar la Oktoberfest?!

Cuernito y Donald exclamaron su equivalente de "¡yoooooo!", y después de eso hicimos tanto ruido con la fiestota que poco a poco se nos sumaron unos cuantos rusos. Al principio creo que me preguntaron en su idioma qué carajo le había pasado a su precioso lago, pero respondí a eso con un alegre "¡Oktoberfest!", les pasé unas cuantas jarras de cerveza, y al cabo de un rato estaban tan achispados que dejaron de hacer preguntas y ni siquiera se asombraron al ver a mi dragón y mi unicornio.


Oh, les dimos patines también, aunque muchos de ellos ya tenían (no por nada Rusia destaca en los deportes invernales). Horas más tarde nos pusimos a jugar al curling con las jarras vacías y trapeadores caseros, pero fue un desastre (divertido) porque no dejábamos de chocar entre nosotros :-) (Terminé con un chichón en la frente. Lo bueno es que había suficiente hielo alrededor para bajar la inflamación.)

Los monstruos de hielo aparecieron en la mañana del segundo día de fiesta. Los rusos se venían tan sorprendidos como yo, por lo que asumí que ellos también desconocían su procedencia.

Eran diez en total. Altos, azules, vagamente humanoides pero con siete dedos en cada mano. Señalaron al lago y a las jarras de hielo gigantes y balbucearon en ruso:

—Cerveza. Cerveeeeeeza. Mmmmm.

Ah, bueno, con eso ya quedó todo claro.

—¡Disfruten también la Oktoberfest! ¡Hic! —exclamé, y los monstruos vitorearon. O sea, seguimos la fiesta como si nada pero con monstruos de hielo patinando también por el lago.


(Mi dragón estornudó fuego y derritió por accidente a uno de los monstruos, pero los otros estaban ya demasiado borrachos como para darse cuenta. Espero que no lo noten más tarde y traten de vengarse de mi pobre Donaldito.)

Tres días después amanecimos con una resaca fenomenal, incluyendo a mi Cuernito, el cual estaba tirado panza arriba en el pasto con cara de "necesito el equivalente mágico de una aspirina". El lago ya se había derretido y los monstruos no se veían por ninguna parte (¿se derritieron?, ¿volvieron a su glaciar?, quién sabe).

Los rusos, Cuernito, Donald y yo nos arreglamos un poco, nos sacamos unas cuantas selfies y luego todo el mundo volvió a su casa.

Fue una linda Oktoberfest :-)

G. E.

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8 de octubre de 2019

¡MALDITA FUNCIÓN REPRODUCTIVA!

Por mucho que haga falta para mantener vivas las diferentes especies, con el tiempo he llegado a la siguiente conclusión: ¡la función reproductiva es, para buena parte de los individuos, un puñetero incordio del carajo!

"¿Pero qué está diciendo esta loca?", se preguntarán. "¡Ni el sexo ni los bebés son un incordio, más bien al contrario!", afirmarán también.

Sí, el sexo no es mala cosa, una vez que dejamos de lado el problema de la explotación sexual. Y a la gran mayoría de las personas les gustan estas criaturas:


A mí no me enternecen mucho los bebés humanos, la verdad, pero confieso que estos otros sí me vuelven loca de amor:


Sin embargo... seamos sinceros, tanto los órganos reproductivos como el proceso de reproducción no suelen ser precisamente buenos para la salud. De hecho, en numerosas especies resultan incluso FATALES.

¿Saben cuántos salmones vuelven al océano después de nadar río arriba a fin de desovar? CASI NINGUNO. ¿Saben qué les pasa a las hembras de pulpo o a los zánganos después de poner sus huevos o aparearse respectivamente? SE MUEREN. ¡Menuda mierda para ellos!, ¿no? Algunas arañitas se comen a su mamá apenas salen de la bolsa de huevos, y ya sabemos lo que les puede pasar a los machos de la mantis religiosa durante la cópula (bueno, en caso de que no lo sepan, les cuento que a menudo la hembra les devora la cabeza, ñam ñam).

Desde el punto de vista biológico, la mayoría de los seres vivos no están hechos para disfrutar la vida; más bien son vehículos sofisticados para un material genético muy, muy egoísta que busca perpetuarse a toda costa.

O sea, el ADN obligará a los machos de diversas especies a pelearse entre sí para tener acceso a las hembras, obligará a los leones machos a matar a los cachorros del león anterior, obligará a las hembras a dejarse preñar en cada estación reproductiva, y obligará a los machos de las arañas a exponerse a ser devorados por cualquier hembra que tenga más hambre que ganas de aparearse.

¿Entienden ahora por qué dije al principio que la función reproductiva es un puñetero incordio del carajo? PORQUE ES UN PUÑETERO INCORDIO DEL CARAJO.

Oh, y los humanos no sobrellevamos el asunto mucho mejor que los animales. Los hombres no sólo tienen los genitales por fuera, exponiéndolos a traumatismos diversos (a diferencia de los patos, que pueden guardar todo en su interior), sino que la testosterona les cablea el cerebro para competir mucho entre sí y arriesgarse a lo tonto con tal de mostrar su virilidad. Por no hablar de las enfermedades venéreas o la posibilidad de contraer cáncer de próstata o testicular.

¡Y para las mujeres es peor todavía! Incluso cuando el aparato reproductivo nos funciona bien, ese "bien" significa sangrar casi todos los meses, que las tetas se agranden y achiquen (a veces duelen), y padecer cólicos, diarreas y jaquecas. El embarazo es largo y aparatoso, a diferencia de otras especies donde casi no interfiere con la vida de la hembra. Los vaivenes hormonales del ciclo también pueden causar acné y síndrome premenstrual. Ah, y parece que tener hijos envejece un montón las células de las mujeres.

Así me siento yo a veces a menudo con respecto a mi aparato reproductivo:

¡¡Deja de darme la lata, que no pienso usarte para tener hijos!!

¿Sabían que la menstruación EN REALIDAD NO SIRVE PARA NADA? Es una función completamente prescindible, existe sólo en los primates y una especie de murciélago. La razón por la que las mujeres menstruamos es que la placenta del embrión es tan invasiva, y el embarazo tan demandante, que el útero evolucionó para "defenderse" con un endometrio particularmente grueso, lo cual lleva después a tener que descartarlo en caso de que no se le implante un cigoto. Las mujeres primitivas menstruaban muy pocas veces en la vida... porque pasaban la mayor parte del tiempo embarazadas o lactando, y encima morían jóvenes. ¡Menudas alternativas de porquería!

El útero y los ovarios dan la lata mientras funcionan... y siguen dando la lata cuando dejan de funcionar. La menopausia es un suplicio, y luego, al quedarse la mujer sin estrógenos, se dispara el riesgo de sufrir osteoporosis y enfermedad cardiovascular. Y ni hablemos del vello facial, LAMADREQUELOPARIÓ.

¿Y cuando la función reproductiva funciona mal? Ay, mamá, la lista de trastornos es jodidamente larga: dismenorrea, endometriosis, calambres incapacitantes, cáncer de cuello uterino, cáncer de ovario, miomas/miosarcomas/fibromas, e incluso podríamos añadir a la lista el cáncer de mama hormonodependiente. A eso hay que sumar los riesgos del embarazo y el parto: diabetes gestacional, preeclampsia y eclampsia, distocias, desgarros y depresión posparto.

Hoy en día las niñas empiezan con todo eso mucho antes de lo normal debido a unos cuantos factores ambientales, lo cual no sólo ha de resultarles muy molesto, sino que las expone a embarazos de alto riesgo en caso de violación... ¡con el agravante de que en muchos países no les permitirán abortar! (En serio, qué manía de convertir a las mujeres en incubadoras sin derechos apenas se les implanta sin permiso un cigoto en el útero.)

Oh, oh, y hablando del control de la sociedad sobre el cuerpo de las mujeres, ¿sabían que en realidad no es necesario tomar un descanso de la píldora anticonceptiva? ¡¡ESO DEL DESCANSO FUE ALGO QUE SE IMPLANTÓ PARA LOGRAR QUE EL PAPA EN ESE MOMENTO AUTORIZARA EL USO DE LA PÍLDORA PARA LAS MUJERES CATÓLICAS!! (y aun así no lo hizo). No bromeo, lo leí aquí y aquí. Lo más irritante del asunto es que NADIE SE MOLESTÓ EN INFORMARNOS DE ESTO A LAS MUJERES. Conste que tampoco es la primera vez (ni será la última, seguro) que no se informa bien a las mujeres a fin de que decidan sobre su salud reproductiva (lean este artículo sobre el contraceptivo Essure).

Ya he decidido que no voy a tener hijos, pero en serio, si acaso existe la reencarnación, ¡apúntenme para ser una hembra de ualabí en mi próxima vida!


Sin menstruación. Gestación de veintiocho días, cero problemas para parir, cero estrías en la barriga, las tetas no se les caen porque están dentro de la bolsa, y encima estas hembras pueden guardar embriones en un estado de diapausa. ¡Por no hablar de que sus bebés son adorables! ¿Y ya mencioné que no tienen que aguantar la condenada menstruación? ¡¿Por qué, por qué la naturaleza no nos hizo así a las hembras de Homo sapiens?! ¡¡AAARRRGGGHHH!!

G. E.

VÍNCULOS DE LAS IMÁGENES EN PIXABAY
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2 de octubre de 2019

SOBRE PRINCESAS CHINAS Y FIERECILLAS DOMADAS

¡¡Finales irritantes, cuánto detesto los finales irritanteeeeeees!! ¡Qué ganas de obligarme a cambiarlos en mi cabeza, lamadrequelosparió, como si no tuviera otras cosas que hacer con mi imaginación, leñe!

Bueno, tal vez estoy exagerando un poco. No estoy tan enfadada. Me enojan más las guerras, la destrucción ambiental y el pisoteo de los derechos humanos, pero éste es un blog más o menos de humor, así que voy a hablar del tema del título :-P

Hace unos cuantos meses vi la ópera Turandot y detesté el final que le añadieron tras la muerte de Puccini (quien falleció dejándola incompleta).

Después, esto hace pocos días, vi una representación de La fierecilla domada... ¡y también detesté el final!

¿De qué va la ópera Turandot? Pues bien, básicamente Turandot es una princesa china que se rehúsa a casarse porque una de sus antepasadas (una reina soltera y sabia estilo Isabel Tudor) fue violada y asesinada durante una invasión por parte de un príncipe extranjero. Turandot afirma que el espíritu de su antepasada vive en ella, y por lo tanto, a modo de venganza, la princesa larga tres adivinanzas a cualquiera que venga a solicitar su mano. Quien no acierte las adivinanzas morirá decapitado.

Cualquiera diría que lo de perder la cabeza bastaría para disuadir a los pretendientes, pero no: como Turandot es tan, TAN bella, cada tanto algún idiota va e intenta conseguir su mano (independientemente de que a la princesa le guste decapitar pretendientes y no tenga deseo alguno de casarse; típico de los babosos que no entienden que "no" es "no").

¿Qué parte de "no quiero casarme y mataré a quien no resuelva mis adivinanzas" es tan difícil de comprender? ¡Estúpidos hombres que no captan las indirectas! ¡Aaaaaaaaaaahhhhhh! [La exclamación debe leerse como una larga y rimbombante nota operática.]

Entonces aparece Calaf, un príncipe tártaro disfrazado que, al ver por primera vez a Turandot, se "enamora" de ella y acepta el reto a fin de conseguir su mano en matrimonio.

Por desgracia para Turandot, Calaf responde correctamente las tres adivinanzas (ay, nena, mejor hubieras exigido que descifrara tres contraseñas con letras y números al azar, como hacemos hoy en día para burlar a los hackers). Incapaz de aceptar la derrota, Turandot le ruega a su padre porque sigue sin querer casarse. El padre dice que no (por honor, pero seguro que también por machista). Finalmente Calaf le larga a Turandot su propio acertijo: si ella no adivina su nombre para cuando salga el sol, tendrá que cumplir su palabra y casarse con él; de lo contrario, ella podrá decapitarlo como a todos los demás (yeah, sangre, QUEREMOS SANGRE Y CABEZAS RODANDO POR EL PISO).

Desesperada, Turandot apresa a la sirvienta de Calaf, Liù, a quien tortura para sonsacarle el nombre. Liù, sin embargo, está realmente enamorada de Calaf, de modo que aguanta la tortura y después se suicida a fin de proteger a su señor.

Y aquí es cuando la ópera se va al carajo. Puccini no supo qué hacer con la historia después de la muerte de Liù, y los compositores que la continuaron decidieron enchufarle... ¡un final "feliz" que no viene a cuento por donde se lo mire!

Para empezar, Calaf sigue "enamorado" de Turandot a pesar de que ella no quiere verlo ni en pintura y encima causó la muerte de la pobre Liù (ay, Liù, te mataste por un tipo al que le importabas un carajo, cuánto lo siento). Y por si lo anterior fuera poco, Calaf consigue seducir a Turandot (con besos a la fuerza o besos tiernos, ya que hay dos versiones del final "feliz"), de modo que, a pesar de que él revela su identidad, a la mañana siguiente ella decide NO decapitarlo, clamando al pueblo que el nombre de su pretendiente es... "amor". AMOR.

Enseguida vuelvo, me voy a vomitar por ahí. Tal vez en la cama de mi gato, como venganza por las veces que él hizo pipí y vomitó en mi alfombra.

Aj. Básicamente lo que hicieron esos dos compositores fue asesinar al personaje de Turandot. Convirtieron a una princesa maravillosamente vengativa, villanesca y despiadada en una cabeza hueca que se enamora de un hombre que en realidad sólo la quiere por su apariencia.

Menos mal que existe un tercer final, compuesto por Anton Coppola, en el cual Turandot dice el nombre de Calaf al pueblo y entonces el tipo acaba muerto. MIL VECES MEJOR DESDE EL PUNTO DE VISTA NARRATIVO. Ojalá tenga yo la oportunidad de ver tal versión en el futuro. Le añadiría algo a ese final dramático, sin embargo: que Turandot pasara el resto de su vida atormentada por el fantasma de la pobre Liù, quien no tenía la culpa de nada y aun así terminó como el culo (y de paso, que Liù cantara hermosamente en italiano algo así como "cuánto lamento haber muerto por semejante imbécil que no merecía mi lealtad; ojalá me hubiera dado cuenta de que era un baboso").

En cuanto a La fierecilla domada... bueno, he de admitir que es una obra muy, muy divertida, pero al mismo tiempo espantosamente sexista ¡incluso para la época de Shakespeare, BAJO EL REINADO DE UNA MUJER SIN MARIDO! En serio, William bebé, ¿¿en qué carajo estabas pensando?? Nos diste a Porcia, Viola, Hermia, Beatriz, Rosalinda e incluso a Lady Macbeth... ¿y al mismo tiempo escribiste semejante aberración machista digna de un "ugh"? Pour quoi, POUR QUOI???!!! (Me gusta exclamar "¡¿por qué?!" en francés, suena mucho más dramático.)

En fin, tengo la esperanza de que fuera algo así como una sátira, ya que se trata de una obra dentro de una obra, porque si la tomamos en forma literal, La fierecilla domada va de un tipo de emplea técnicas de manipulación mental (similares a las que usan los líderes de los cultos, como privar de alimento y sueño a los creyentes) a fin de convertir en una esclava sumisa a una mujer inteligente e inconforme con la idea de ser una propiedad negociable.

Por las dudas, le voy a cambiar el final de todas maneras: Catalina solamente está fingiendo que Petruchio consiguió domarla, de modo que, a la menor oportunidad, la joven encontrará la manera de que su marido sufra un "accidente", y ella pasará el resto de sus días disfrutando de su soltería y su gran fortuna. MUAJAJAJAJAJA.

"Fierecilla domada" mis calzones. Le dije repetidamente a ese sinvergüenza que no quería casarme con él. Ahora, ¿dónde hay un gato para poder decir que Petruchio tropezó con él al bajar las escaleras? ¡Eh, mininooooo! ¡Ven aquí, gatito gatito!

Nota para otros autores: como ustedes hagan algo de lo anterior con sus personajes femeninos, ¡les cambiaré los finales también! ¡Ea!

G. E.

PD: Aclaro que mi asesinato imaginario de Calaf y Petruchio no es por odio a los hombres en general, ¿eh? Son cambios puntuales en dos obras con situaciones particularmente machistas. No me enfadé por la muerte de Daenerys en Juego de tronos (la última temporada fue tan desastrosa que le cambié MUCHAS cosas en mi cabeza, pero no ese detalle en particular).

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Soy una mujer de intereses variados, incluyendo el chocolate, los dragones, la películas de superhéroes y las novelas de horror. Escribo porque no concibo la vida sin escribir.