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30 de marzo de 2019

MI TEORÍA SOBRE LA OLA DE ESTUPIDEZ ACTUAL

Decenas de miles de años atrás, el ser humano primitivo aprendió a encender fogatas, cocinar su comida, crear armas y pintar en cavernas. Miles de años atrás, el ser humano fue capaz de crear pirámides y trepanar cráneos sin haber inventado aún las grúas, los anestésicos ni los antibióticos.

O sea, hubo gente muy, pero que muy lista a lo largo de toda la historia de la humanidad. Y también hubo gente muy, pero que muy estúpida. Sin embargo... bueno, creo que la estupidez tenía mucha más excusa en tiempos pasados, cuando no había bibliotecas, periódicos ni Internet.

Hoy en día estamos viendo niveles inexcusables de estupidez. Vamos, que una cosa era meter la pata en épocas en las que no se sabía casi nada sobre nada, pero ¿meter la pata cuando tenemos 6.000 años de registros históricos acumulados e información científica de todo tipo, ya comprobada, al alcance de unos pocos clics?

Veamos unos pocos ejemplos:

1) Los antivacunas. Personas que, a pesar de décadas de registros históricos sobre cómo las vacunas han bajado la mortalidad infantil, CREEN QUE LAS VACUNAS SON MALAS PARA SUS HIJOS.

2) Jóvenes que van a fiestas y se drogan con cualquier cosa que les pongan delante. Vamos, podría dejar pasar que se intoxicaran con el alcohol normalito de siempre (hasta el punto de acabar en el hospital con una intoxicación etílica), pero en serio, ¿consumir cualquier pastilla sin saber lo que contiene? ¿¿¿En qué rayos están pensando??? (si es que piensan algo). Y ni hablar de los que empiezan a fumar sabiendo lo dañino (¡y caro!) que es.

3) Personas que sufren accidentes, dañándose a sí mismas o a gente inocente, por conducir o caminar mirando el puñetero móvil en lugar de prestar atención al entorno. Motociclistas que se matan por conducir sin casco. Automovilistas que se matan por no usar el cinturón de seguridad. Personas que se ponen en el camino de un tren (¡ni que fuera imposible saber por dónde van a pasar los mismos!).


4) Los bug chasers. ¿No saben qué son? Pues SON PERSONAS QUE BUSCAN TENER SEXO SIN PROTECCIÓN CON SEROPOSITIVOS, O QUE INCLUSO BUSCAN INFECTARSE A PROPÓSITO CON EL VIRUS DEL SIDA. Qué. Carajo. Tienen. En. El. Cerebro.

5) Quienes simpatizan con Donald Trump y Nicolás Maduro. SIN PALABRAS.

6) Personas que se apuntan a cualquier reto estúpido de Internet, como el de tragar cápsulas de detergente o el de andar por ahí con los ojos tapados igual que en la película Bird Box. Díganme si no merecen un premio Darwin en caso de morir sin haber procreado aún.

7) Mujeres occidentales que, tras haber disfrutado toda su vida de los derechos conquistados por el feminismo, se unen a grupos terroristas islámicos o se van con sus maridos a países musulmanes donde tendrán menos derechos que una patata.

8) Quienes mueren en accidentes bobos por sacarse selfies.

9) Quienes se revientan contra el piso haciendo balconing (consiste en saltar desde los balcones a las piscinas de los hoteles).

¿En serio la humanidad es TAAAAAN estúpida, después de tantos millones de años de evolución y conocimiento acumulado? ¿O acaso está pasando algo más, una especie de fenómeno invisible e indetectable por métodos convencionales?

Ahí es donde surge mi teoría: esta ola de estupidez es INTENCIONAL. Pero no intencional por parte de nuestra especie, sino que... ¡LA ESTÁ PROVOCANDO EL PLANETA TIERRA A FIN DE REDUCIR LA POBLACIÓN HUMANA QUE TANTOS DESASTRES AMBIENTALES HA CAUSADO!

Quizás la Tierra está emitiendo una onda de energía que perturba el funcionamiento cerebral del Homo sapiens. O quizás se trate de una espora. ¿Han visto la película The Happening, de Shyamalan? En serio, cada vez estoy más convencida de que se trata de algo así.

Tierra: ¡GGGGNNNN, TENGO QUE LIBRARME DE TODOS ESTOS ESTÚPIDOS HUMANOS QUE ME ESTÁN INTOXICANDO!
Luna: Ya, ya, no sufras. Sabes que siempre estoy a tu alrededor.
Sol (al que no le importa nada porque es muy grande y está muy lejos): ¡Mmmmmm, chorizos!
Terraplanistas (señalando al espacio exterior con el dedo): ¡Eh!, ¿vieron? ¡La Tierra es plana!
Quienes leemos a Terry Pratchett: ¡No, ése es el Mundodisco, ignorantes!
Mundodisco: ¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuu!
Estrellas (cantando a coro con voz infantil): Brilla, brilla, estrellita...

Pero bueno, no todo está perdido. Es posible que las personas que usamos la lógica y nos preocupamos por el planeta seamos inmunes a este fenómeno. ¡Sigamos aguantando, y en un futuro no muy lejano tal vez podamos convivir en paz con la Tierra, sin tanta gente dañinamente estúpida o estúpidamente dañina! :-)

G. E.

PD: No incluí a los terraplanistas en la lista de gente estúpida porque la ignorancia de éstos no los está matando directamente. Aunque, ¿quién sabe?, tal vez sean también antivacunas o tarados que se sacan selfies riesgosas. Ojalá.
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24 de marzo de 2019

RECETA FÁCIL DE HELADO CASERO SIN MÁQUINA

Cuando era chica, había una heladería cerca de mi casa. Se llamaba La Dolce Vita. Era uno de mis sitios más visitados en el verano, sobre todo cuando volvía de la playa (en esa época en la que todavía me gustaba ir a la playa).
Dicha heladería fabricaba el mejor helado de vainilla de todas las heladerías de la ciudad. O sea, HELADO DE VAINILLA CON SABOR A VAINILLA DE VERDAD, a diferencia de las otras versiones tirando a desabridas. Encima, el helado de La Dolce Vita se derretía DESPACIO, lo cual me permitía disfrutarlo por más tiempo, sin tener que comerlo a toda prisa para evitar que chorreara al piso.

La Dolce Vita dejó de existir hace muchos años. Hoy en día venden helado en el supermercado y puedo guardarlo en el congelador de mi refri, pero el helado comercial sigue teniendo los mismos problemas que me molestaban de chica: se derrite demasiado rápido y el de vainilla no tiene sabor a NADA.

Por todo lo anterior es que decidí aprender a fabricar mi propio helado. Mis primeros experimentos fallaron estrepitosamente, pero descubrí algo interesante: podía replicar el sabor del helado de vainilla de La Dolce Vita con dos ingredientes simples: chocolate blanco y extracto de vainilla en alcohol (o sea, vainilla de verdad, no el insípido sustituto sintético que suele hallarse en el supermercado junto a la vainilla de verdad).

Hacer helado es toda una ciencia. Los problemas principales son: 1) evitar que las grasas se separen de los líquidos, 2) evitar la formación de cristales grandes de hielo y 3) airear la mezcla lo suficiente para que sea posible servirla.

En fin, después de muchos más experimentos fallidos (pero relativamente comestibles, de modo que nada se desperdició), por fin encontré la receta perfecta para mí. ¿En qué se diferencia de las recetas que se encuentran en Internet? Tres cosas: 1) lleva grasas de cacao en lugar de grasas lácteas, 2) no requiere más maquinaria que una simple batidora y el congelador del refri y 3) es un helado que se derrite maravillosamente despacio. La razón para reemplazar las grasas lácteas es la siguiente: la crema de leche (también llamda nata) deja una pátina grasosa muy desagradable en la lengua. Esto se puede evitar usando menos crema de leche, pero entonces el helado contiene demasiada agua y ello favorece la aparición de cristales de hielo y/o hace que el helado quede duro como piedra después de congelado. Aj :-D

Bien, fin de la charla introductoria. ¡Pasemos por fin a la receta!

INGREDIENTES

160 ml de leche
200 g de chocolate blanco
2 cucharadas de extracto de vainilla natural en alcohol
4 huevos
2 cucharadas de alcohol etílico rectificado

Esto es para el helado de vainilla. Para el helado de chocolate hay que reemplazar las tabletas de chocolate blanco por 100 g de chocolate con leche + 100 g de chocolate semiamargo, y usar 3 cucharadas de alcohol en lugar de 2 (el helado de chocolate queda más firme que el de vainilla, tal vez porque las tabletas de chocolate blanco contienen más azúcar, el cual funciona como anticongelante). Antes de que me pregunten por el alcohol rectificado, el mismo funciona también como anticongelante; o sea, previene la formación de cristales de hielo. Las yemas de huevo se suman a tal efecto, aparte de que contienen lecitina, un emulsionante (un emulsionante evita que las grasas se separen de los líquidos; las tabletas de chocolate también suelen contener lecitina).

PREPARACIÓN

Esta receta demanda claras de huevo crudas, así que usen huevos con inspección sanitaria y lávenlos bien antes de romperlos, a fin de evitar cualquier posible contaminación con Salmonella. Hecha la advertencia, hay que separar las yemas y las claras. Guardar las claras inmediatamente en el refrigerador (se añadirán más tarde a la mezcla).

Meter en una cacerola las yemas de huevo, el chocolate partido en trozos, la leche y las cucharadas de vainilla (prescindir de la vainilla en el helado de chocolate). Poner a fuego lento y remover suavemente hasta que se derrita todo el chocolate y la mezcla espese (el calor pasteurizará las yemas de huevo). Esto tarda unos minutos, sin llegar al hervor. Colar la mezcla para retener cualquier posible grumo, llevándola a un recipiente de 1 litro en el que se pueda usar la batidora de aspas. Una vez a temperatura ambiente, meterla al refrigerador.

Al día siguiente, añadir a la mezcla las claras y las 2-3 cucharadas de alcohol (según el sabor de helado elegido). Mezclar bien y meter por fin al congelador.

Ahora viene el truco para evitar la formación de los dichosos cristales de hielo :-) Dependiendo de la potencia del congelador de cada uno, el helado empezará a congelarse desde los bordes. Cuando esto ocurra, hay que batir la mezcla con una cuchara y volver a meterla al congelador. Cuando el helado alcanza la consistencia de masa de torta (o sea, bastante espesa), es hora de enchufar la batidora y darle una buena batida para que se llene de aire y aumente su volumen (las claras de huevo en la mezcla ayudarán a retener las burbujas). Meter de nuevo al congelador. Batir la mezcla una última vez a mano al cabo de un rato. Este lapso dependerá una vez más de la potencia del congelador de cada uno (en mi caso, dos horas); basta con que la mezcla esté demasiado firme para la batidora pero no tanto para el brazo propio. Meter al congelador una última vez y dejarla ahí hasta que termine de congelar (una noche).

Listo, ya está hecho el helado :-) No tendrá tanto aire como el helado comercial (el cual llega a tener hasta un 50% de aire), pero sí tendrá suficiente como para que se pueda levantar con la cuchara y servirlo. Si se batió bien, quedará suave (sin cristales de hielo) y muy cremoso pero sin llegar a grasoso (bendita manteca de cacao en las tabletas chocolate). El helado de chocolate queda especialmente "chocolatoso" gracias a los 100 g de chocolate semiamargo (probé hacerlo con 200 g de chocolate con leche, pero con la mezcla de chocolate con leche y chocolate semiamargo queda todavía mejor). El helado no se pondrá más duro ni se aplastará con el paso de los días dentro del congelador del refri.

Las cantidades de la receta dan para 5 porciones de este tamaño.

¡Que lo disfruten! (con moderación, ya que es una bomba calórica).

G. E.

PD: No me hago responsable por cualquier desviación de la receta, pero si alguien quiere experimentar con otros sabores (por ejemplo, reemplazando la leche por zumos de frutas) y la cosa sale bien, vengan a decirlo en los comentarios. El chocolate blanco es bastante neutro en ese sentido, probablemente combine bien con cualquier fruta.
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18 de marzo de 2019

LINUX MINT VERSUS WINDOWS 10

Ésta es la última entrada sobre mi mudanza de Windows 10 a Linux Mint, lo prometo :-)

Bien, después de varios meses trabajando con Linux Mint en lugar de Windows 10, me pareció buena idea hacer un resumen de cómo funciona todo en Linux Mint, por si alguien más quiere hacer la mudanza y le preocupa que todo sea terriblemente distinto (con la pérdida de tiempo que algo así conllevaría).

En fin, la cosa es así: Linux Mint NO es muy distinto a Windows 10, y lo que es distinto... es distinto para MEJOR en la mayoría de los casos.

Al momento de encender la PC, lo primero que hace Linux Mint es pedir la contraseña (establecida durante la instalación). Muy útil si a uno le preocupan la privacidad o el robo de datos en caso de que alguien afane el equipo. Ciertas tareas administrativas también requieren ingresar la contraseña, de modo que es difícil estropear algo por accidente (digo, por si alguien tiene hijos con la mala costumbre de toquetear lo que no deben dentro de un sistema operativo).

Una vez encendida la PC, me espera el escritorio de Linux Mint Cinnamon (ya personalizado por mí), muy parecido al de Windows 10:


Algo que me ENCANTA del menú: los programas están ordenados por categoría. Esto es personalizable, además (se pueden ocultar los programas que uno no usa, por ejemplo).

Lo segundo que más me molestaba de Windows 10 (después de las actualizaciones forzosas) era que tenía que meterme a cada rato en la configuración para que Windows 10 dejara de darme la lata con esto y aquello; en Linux Mint, en cambio, las características preconfiguradas son aceptables, pero en caso de que uno quiera revisar/cambiar algo, las opciones se encuentran en los submenús Administración y Preferencias. Todo muy claro y accesible.

El botón para la actualizaciones figura en el panel (el equivalente a la barra de tareas en Windows 10). Cada tanto avisa sobre las nuevas actualizaciones, o las mismas se pueden buscar manualmente. Todo es configurable, de modo que se pueden revisar las actualizaciones y decidir cuáles instalar y cuáles no, y cuándo. Encima, nunca hay que reiniciar el sistema. Las actualizaciones del kernel de Linux se acumulan y cada tanto hay que eliminar las viejas, pero esto es muy fácil (aunque creo que Linux Mint lo hace automáticamente en la versión más nueva, que todavía no he instalado).

Las funciones del teclado y el ratón son idénticas a las de Windows 10, cero problemas ahí (mismos atajos para cortar, copiar, pegar y etc.). También se pueden crear accesos directos a los archivos (opción Crear enlace en el menú del botón secundario del ratón). Cuando uno presiona el botón ImprPant, aparece una ventana que pregunta dónde guardar la imagen capturada y con cuál extensión. Súper práctico.

El editor de texto simple de Linux Mint (o sea, el equivalente al Bloc de notas de Windows) es ESTUPENDO. Lo menciono porque trabajo mucho con él. Se le puede cambiar el fondo a gris oscuro con letra en gris claro (muuuuucho más cómodo para la vista), se puede configurar para que los documentos se guarden automáticamente cada pocos minutos, recuerda la última posición del cursor en el documento, funciona con pestañas en lugar de ventanas distintas, y podría seguir enumerando características pero creo que ya se entendió la idea :-)


En cuanto al funcionamiento de las carpetas, básicamente es igual que en Windows pero más cómodo. Los contenidos de cada carpeta se pueden ordenar por nombre, tipo, fecha y etc., a las carpetas se les pueden asignar iconos y colores distintos, y hay una columna a la izquierda que enumera las carpetas principales de la PC, para facilitar la navegación.

Algo que ADORO: para encontrar algo dentro de una carpeta, se puede presionar el botón de búsqueda (aparece una barra de búsqueda) o directamente ESCRIBIR el nombre del archivo que uno está buscando, con lo cual aparece un pequeño casillero en la esquina inferior derecha.


En Linux Mint también funcionan los comodines, de modo que si uno ingresa *.jpg en la barra de búsqueda, automáticamente se buscarán las imágenes con esa extensión (por ejemplo).

La opción preconfigurada de Linux es que las carpetas se abran siempre en el centro de la pantalla, independientemente de adónde las haya movido uno antes. Me gusta eso :-)

Cuando uno manda algo a la papelera (con el botón Supr), el archivo todavía se puede abrir desde ahí. ¡Muy cómodo para verificar que uno esté eliminando el archivo correcto! En el menú del botón secundario del ratón aparece esa opción o la de eliminar definitivamente, sin pasar por la papelera.

El conjunto de programas de LibreOffice tiene todo lo que un usuario básico o incluso bastante avanzado necesita para trabajar. Las barras de botones son personalizables (personalicé la de LibreOffice Writer, el programa que más uso). No he tenido problemas de compatibilidad con documentos de Microsoft Word. LibreOffice Writer puede crear directamente archivos PDF y EPUB. Instalé Calibre para convertir mis libros electrónicos, y Xournal para firmar PDFs (lo cual hago con mi tableta de dibujo).


En cuanto a la conexión a Internet, configuré el sistema para que se conecte automáticamente apenas enciendo la PC. En caso de que la conexión se pierda, es muy fácil volver a conectarla, aunque me tomó un tiempito averiguar qué botones tenía que cliquear (es más fácil configurar una conexión de wi-fi que una de ADSL de fibra óptica, que es la que tengo yo).

Firefox (mi navegador favorito) ya viene con el sistema operativo; instalé Chrome por mi cuenta. Adobe Flash Player no funciona en Firefox para Linux, pero sí en Chrome. Sé que se considera que Flash causa problemas de seguridad, pero bueno, me gusta jugar a Angry Birds Friends en Facebook :-P Linux Mint viene con Thunderbird para el correo electrónico; es muy fácil de configurar.

Para instalar/desinstalar programas, la primera opción es siempre el gestor de software que aparece en el menú. Ahí están, ordenados por categorías, todos los programas GNU disponibles para Linux Mint, los cuales han sido revisados para que no haya conflictos con el sistema operativo. Es posible instalar programas por fuera del gestor de software. Hay menos garantías ahí, pero no he tenido problemas de compatibilidad. Si uno desinstala algo, la desinstalación es limpia y no deja cosas colgadas como suele pasar en Windows.


Técnicamente Linux no necesita antivirus porque hay muy pocos virus para Linux, pero como instalé Wine para manejar dos programas de Windows, y encima tenía la licencia de NOD32 pagada hasta finales de este año, lo instalé de todas maneras. NOD32 es el mejor antivirus de pago para Linux, y no enlentece para nada el sistema (es la razón por la que lo tenía instalado en Windows).

No sé si en Windows 10 existe ahora esta función, pero mi teclado tiene dos botones para subir y bajar el volumen, y cuando los presiono en Linux Mint, aparece la imagen de un altavoz en la pantalla y suena un ruidito para que uno sepa cuánto está subiendo o bajando el volumen.

Siguiendo con el sonido, mi reproductor favorito de música (archivos MP3, WMA y MID) y vídeos es VLC. Instalé también Audacity (para subir o bajar el volumen de algunos MP3) y MusicBrainz Picard, que sirve para etiquetar archivos de audio y añadirles/modificarles la imagen de portada. Las listas de reproducción con extensión M3U funcionan perfectamente en VLC. Instalé dos programas para grabar archivos en CDs y DVDs (Brasero y Xfburn), pero confieso que todavía no los he probado :-P

Programas que uso para la edición de gráficos: GIMP, MyPaint, Inkscape, XnView y Krita. También instalé Birdfont (para crear fuentes tipográficas) y Open Stereogram (para crear estereogramas). Todos funcionan correctamente. El visor de imágenes que viene con Linux Mint se parece al de Windows 10, pero me gusta un poquito más.

Linux Mint ya viene con un administrador de fuentes tipográficas, pero no tenía muchas opciones, así que instalé uno más: Font Manager. Linux Mint tiene el Mapa de caracteres igual que Windows. También incluye el Gestor de archivadores para crear archivos ZIP (con contraseña si hace falta), una calculadora (muy bonita), un programita para pegar notas a la pantalla (ése ya no es tan mono como el de Windows 10, pero sirve) y un calendario. Aparte de eso, instalé un reloj con alarma, un medidor para el tráfico de Internet, un programa para cambiar automáticamente el fondo de pantalla (Variety) y una aplicación para el clima (que raramente da en el clavo, pero bueno, la de Windows 10 tampoco acertaba mucho).

El hardware se administra más o menos igual que en Windows. Cuando instalé Linux Mint, el sistema operativo reconoció todo a la primera, incluyendo la impresora láser (una Samsung), la unidad de DVD, mi tableta de dibujo (Wacom Bamboo), la tarjeta gráfica y la tarjeta de sonido. Linux Mint viene con su propia herramienta para hacer copias de seguridad, pero se le puede instalar alguna otra según lo que necesite uno.

¿Qué más? Bueno, no soy una gamer, así que sólo instalé dos juegos desde el gestor de software: Palapeli (convierte cualquier imagen en un rompecabezas para armar en la pantalla) y SuperTuxKart (carreras de autitos).


Bien, básicamente he cubierto la mayor parte de las funciones del sistema operativo. Casi todo es muy práctico y bonito :-) Si Windows 10 les da mucho la lata, no duden en cambiarse. Pueden hacer una instalación doble en caso de necesitar Windows 10 sí o sí (la cuestión es no volver a conectarse a Internet desde Windows 10, para evitar que sus actualizaciones descalabren el sistema).

¡Feliz mudanza para quienes se atrevan a decir adiós a Microsoft!

G. E.
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