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25 de octubre de 2011

LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO MOLESTO

No es que me guste ir por la vida ofendiendo a la gente con mis palabras, ¡pero ya empiezo a cansarme de tanta corrección política en el lenguaje! La lista de expresiones que no se pueden usar es cada día más larga, y dentro de muy poco el idioma español parecerá un campo minado que no podremos pisar sin el riesgo de que algún grupo étnico, género, grupo de determinada orientación sexual o con características físicas singulares ponga el grito en el cielo.

Para empezar, ya no se puede describir a nadie por el color de la piel, ni siquiera cuando no hay racismo de por medio. Una persona ya no es blanca, negra, amarilla ni cobriza, sino que ahora hay que referirse al origen geográfico aunque los antepasados de dicha persona hayan salido del continente de origen doscientos años atrás. Las personas de piel clara nos vamos salvando de convertirnos en una suerte de mapamundi, pero en lugar de ser blancas, ahora han de referirse a nosotras como caucásicas, para no pisotear sensibilidades ajenas. Encima, hasta se han de borrar los términos peyorativos de la literatura antigua, como si por sacar la palabra "nigger" ("negro") de los libros de Mark Twain se borraran de un plumazo el racismo y la esclavitud de la época. Tampoco se puede decir que alguien trabaja como negro o que existen trabajos chinos. (Menos mal que los burros no opinan, o nadie podría tampoco trabajar como un burro.)

Las personas con enanismo tampoco pueden ser llamadas enanas. Son personas pequeñas, lo cual más bien me hace pensar en hobbits o liliputienses. (Por cierto: aclaro que yo mido 1,50 m y que no me voy a ofender porque me digan petisa, siempre y cuando no sea con tono ofensivo.)

Y ya ni hablemos de la supuesta discriminación a la mujer que hace el lenguaje. Ahora hay que reconvertir todas las profesiones, incluyendo las que por su naturaleza lingüística eran neutras, para acomodar a las mujeres, no sea que alguna se sienta ninguneada u ofendida. Las presidentes, intendentes y asistentes deberán ser presidentas, intendentas y asistentas. En el caso contrario, los modistas hace rato que son modistos, y la verdad es que me extraña que no haya taxistos también. Como sea, en muy poco tiempo habrá estudiantos y estudiantas en las universidades y pacientos y pacientas en los hospitales, a fin de que nadie se sienta discriminado. Y ya no habrá votantes sino votantas y votantos, y cuando los integrantes de una pareja se miren entre sí, no será uno al otro sino una al otro y uno a la otra, o una a la otra y uno al otro en el caso de que sean parejas homosexuales de mujeres u hombres respectivamente. (Aclaro de nuevo: a mí no me molesta ser una votante ni una cliente, o que por convención me incluyan entre "los escritores" y no entre "los escritores y las escritoras"; más bien me molestan las propagandas machistas.)

El día que la corrección política en el lenguaje arregle las desigualdades reales, la adoptaré con gusto. Por ahora, mientras tanto, sólo ha conseguido marearme.


G. E.
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4 comentarios:

  1. Mola tu reflexión. La pena es que sea cierto...el otro día con Silvia,nos reíamos de un texto en el que escribían "ouija" como "güija". De pronto le dije que antes de corregir ese texto, lo comparara con el diccionario de la RAE y ¡Sorpresa! Existe como tal y nadie avisó. No tiene nada que ver y mucho, pues es adaptar el idioma a lo que hablamos mal la gente. ¿La palabra "zorzio" será el antiguo "socio"? El mundo está loco, se vuelve del revés...vamos a reventar por algún "lao".

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    1. También existe "güisqui", pero me rehúso a usar semejante engendro de palabra :-) Aunque la cuestión de hoy no era precisamente ésa, sino que ahora tienes que cambiar tu forma de hablar para no ofender a nadie. Están todos muy sensibles, al parecer... Un besote y gracias por comentar :-D

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  2. Muy cierto todo lo que escribes. En vez de preocuparse por arreglar las diferencias existentes en la sociedad se preocupan por las del lenguaje.

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