Ha pasado un largo trecho desde que mi dragón Donald era un bebé y dormía en mis brazos . Qué tiempos aquellos, ¿eh? :-) Pero todos los bebé...

¡VOLANDO SOBRE MI DRAGÓN!

Ha pasado un largo trecho desde que mi dragón Donald era un bebé y dormía en mis brazos. Qué tiempos aquellos, ¿eh? :-) Pero todos los bebés tienen que crecer. Como escribí en entradas anteriores, mi dragón ya tiene un empleo y también ha aprendido a rugir. Está grandote y pesado, aunque no ha perdido su simpatía ni sus ganas de jugar.

El otro día estábamos los dos muy aburridos, y de pronto Donald se levantó y me puso esa cara que ponen los perros cuando de repente se les ocurre que quieren jugar a la pelota. Claro que jugar a la pelota es un pasatiempo vulgar perruno que no resulta adecuado para mi tremenda bestia mitológica, de modo que las intenciones de Donald eran bastante diferentes.

Una vez fuera de la casa, Donald me hizo unos gestos. ¡Quería que me subiera a él como si fuera un caballo! Pensé que tal vez quisiera dar un paseo tranquilo por ahí (y quizás rugirle a algún transeúnte estúpido de los que tiran basura a la calle), de modo que me subí. Entonces Donald tomó carrera ¡y levantó vuelo conmigo encima! ¡Uuuuuaaaaa! De pronto estábamos a cinco mil metros de altura por encima de las nubes, y yo...


No, no les temo a las alturas ni tampoco a volar. ¡Es que una de las espinas del lomo de Donald se me estaba clavando en el trasero! (De verdad, juro que no estaba gritando por el hecho de que bajábamos en picado a 180 km/h, de camino a un duro suelo de cemento que nos rompería todos los huesos en caso de Donald no apuntara de nuevo hacia arriba en los próximos cinco segundos.)

Aterrizamos, le corté dicha espina con un serrucho (no le dolió, fue como cortarle las garras) y volvimos al aire.


¡Hacía tiempo que no me divertía tanto! Sin embargo, para la próxima vez que volemos juntos debo recordar algunos detalles:

1. Atarme el pelo en una trenza. Me llevó una hora desenredarlo, y encima saqué de entre los nudos unas cuantas plumas de gaviota (no pregunten).

2. No abrir la boca en pleno vuelo. Hay bichos.

3. Por más que las nubes se vean esponjosas, NO se puede saltar sobre ellas como si fueran de algodón.

4. Los aviones comerciales no se apartan del camino de un dragón con tanta rapidez como una desearía.

5. Tal vez no sea mala idea conseguir un paracaídas. O como mínimo un cinturón de seguridad y un casco.

Aparte de lo anterior, estoy feliz. De hoy en adelante voy a ahorrar un montón de dinero en transporte :-)

G. E.

6 comentarios:

  1. ¡Cuando tenga dragoncitos, regálame uno! Lo del transporte me ha convencido :)

    ResponderEliminar
  2. No problem! Pero considerando que Donald es macho, antes tendré que conseguirle una novia (¿llamada Daisy?). Te regalaré el primer huevo de la camada :-)

    ResponderEliminar
  3. Sísisisisisis!!! (Sil pegando saltos)

    ResponderEliminar
  4. Te lo mandaré con un lacito de seda. Si no sabes cómo incubarlo, haz lo que hice yo: ponle un gato perezoso encima :-D

    ResponderEliminar
  5. Que parecen fabulosas tus historias super divertidas, geniales!

    ResponderEliminar

Ir arriba