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15 de febrero de 2011

¡BEBÉS POR TODOS LADOS!

Mi relación con los bebés suele ser algo extraña... en mis sueños. En la vida real es bastante simple: paso de los bebés ajenos. Me parece tonto hablarles en lenguaje de bebé (¿qué tiene de malo el tono normal?), y aunque los bebés son bonitos, yo más bien pienso que esos padres tendrán que levantarse varias veces en la madrugada para atenderlos. Lo cual sería una pesadilla para mí, que ya tengo problemas para dormir sin "ayuda" externa.

Una vez cuidé gatitos. Con eso tuve suficiente :-)

En mis sueños, sin embargo, la cosa cambia. A menudo sueño con bebés, míos o ajenos. A veces los bebés empiezan siendo animales, o son humanos y se convierten en animales a lo largo del sueño. Una vez soñé que unos gatitos se convertían en bebés (del mismo tamaño que los gatitos), y en otra ocasión los bebés eran míos y se convertían en hurones.

Otra vez soñé que cuidaba un bebé ajeno, pero no era un bebé sino un minúsculo gusano verde. A decir verdad, me gustó. Era un gusanito muy cariñoso y no daba problema alguno.

Casi siempre los bebés en mis sueños son tan inteligentes como los niños de 5 años en adelante o incluso como adultos. ¿Será porque los bebés no tienen mucho que decir y por eso mi mente insiste en volverlos un pelín más interesantes? Quién sabe.

En fin, hace un tiempo tuve un sueño bastante alocado. Había una enorme familia con muchas mujeres en edad fértil. Por alguna razón sin lógica aparente, todas esas mujeres habían programado sus embarazos para parir el mismo día. Ahí estaban ellas, pues: en una enorme sala, teniendo sus bebés al mismo tiempo. Los doctores, por supuesto, estaban saturados, y me pidieron ayuda para atender los partos. Yo protesté: "¡Oigan, que yo soy VETERINARIA, no doctora ni partera! ¡Estoy capacitada para ayudar en el parto de CACHORRITOS, no de bebés humanos!" Pero nada, tuve que colaborar de todas maneras, y muy pronto la sala se llenó de bebés.


Si era un mensaje de mi reloj biológico, la verdad es que no me hizo gracia. Aunque ese sueño no fue tan terrible como la vez que soñé que paría un bebé... ¡por una oreja!

¡Auch!

G. E.
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