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1 de noviembre de 2019

ANTES DE GRETA THUNBERG, ESTA CARTA

Cuando estaba en el colegio, en dos años distintos tuve una maestra llamada Estela que fue muy especial para mí. En primer lugar, solía leernos capítulos de un libro unos minutos antes de terminar la jornada de clase.

En segundo lugar, el día que terminamos la primaria nos regaló a todos una fotocopia del famoso discurso (o carta) del jefe Seattle. Las palabras allí me impresionaron tanto a mis once años que guardé la fotocopia y luego la transcribí a mi computadora para no perderla (los fragmentos abajo corresponden a mi transcripción, no a la de Wikipedia; hay varias versiones circulando por ahí).

La verdad, me importa muy poquito la autenticidad del texto (si leen la ficha en Wikipedia, sabrán que hay dudas sobre la misma). La cuestión es ésta: todo lo que dice es absolutamente aplicable al día de hoy, y vaya que el mensaje se escribió muchísimo antes que los discursos de Greta Thunberg. O sea, ya antes de que empezaran el cambio climático y la extinción masiva de especies había personas a las que les importaba el daño al ambiente.

Tantos años han pasado y los gobiernos (por no hablar de buena parte de sus votantes) siguen sin hacer caso, y un montón de gente se burla de Greta en lugar de concentrarse en lo que DICE, por no hablar de lo que informan los científicos. En serio, qué maldita costumbre la de no escuchar a los cerebritos (tema sobre el cual escribí esta entrada en 2010). ¿Cuántos desastres más van a ocurrir antes de que nos pongamos firmes con el tema? ¿Cuántas personas y animales más van a tener que morir?

Somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas. Los ciervos, el caballo, la gran águila son nuestros hermanos. Las alturas rocosas, las praderas jugosas, el calor del poni y del hombre, todos ellos pertenecen a la misma familia.

Sabemos que el hombre blanco no concibe nuestro modo de ser. Una parte del país le es igual a cualquier otra, pues es un extraño: viene de noche y extrae de la tierra lo que precisa en el momento. La tierra no es su hermano sino su enemigo, y cuando la ha conquistado sigue su rumbo. Sin preocuparse abandona las tumbas de sus padres y el derecho de nacimiento de sus hijos. Sin preocuparse roba la tierra de sus hijos.

Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo como objetos que se compran y se saquean, como ovejas que se venden, o como perlas brillantes que se codician y se poseen. Su hambre devora la tierra y sólo restarán desiertos.

El viento es precioso para el hombre rojo porque todos los objetos comparten idéntico respiro. El animal, el árbol, el hombre comparten el mismo hálito. El hombre blanco no parece tener conciencia del aire que respira, como un ser muerto hace días está obtuso ante el hedor.

Soy un salvaje pero no lo concibo de otro modo. He visto miles de búfalos en desintegración, la acción del hombre blanco, baleados desde el ferrocarril. Soy un salvaje y no llego a comprender cómo puede ser más importante el caballo de hierro que el búfalo, al que sólo sacrificamos para mantenernos en vida.

¿Qué es el hombre sin los animales?

Si todos los animales desaparecieran moriría el hombre por soledad de su espíritu. Lo que se hace a los animales, muy pronto se resiente de ello el hombre.

Todo está entrelazado como la sangre que une una familia. Lo que se hace a la tierra, eso también recae sobre sus hijos. El hombre no creó la trama de la vida, él es sólo una hilacha de ella. Lo que le hacéis a la trama, eso también lo hacéis a vosotros.

Cuando todos los búfalos estén sacrificados, amansados todos los caballos salvajes, irrespirables todos los refugios de los bosques por emanaciones humanas, y mancilladas las fértiles colinas por tanto alambre que habla, ¿dónde estará la espesura? No estará. ¿Dónde el águila? No estará. ¿Y qué significa dar el adiós al poni veloz y a la caza? El fin de la vida y el comienzo del sobrevivir.


¿No es básicamente lo mismo que está diciendo Greta, lo mismo que estamos diciendo todas las personas a las que nos duele ver la destrucción de la joya que es nuestro planeta?

Políticos que manejan los países: DEJEN DE PRETENDER QUE EL PROBLEMA NO ESTÁ CRECIENDO. En el discurso se menciona el exterminio irracional de los búfalos (bisontes americanos). El ser humano tuvo que llevarlos al borde de la extinción hasta que al fin alguien tomó medidas y rescató la especie. Sin embargo, muchas otras se han perdido, y se seguirán perdiendo si la humanidad sigue con una venda en los ojos, pensando solamente en la economía.

Y conste que en realidad proteger el ambiente BENEFICIARÍA MUCHO MÁS A LA ECONOMÍA, si bien en un plazo un poquito más largo que el consumismo desenfrenado.

Greta no es una sola, SOMOS MILLONES. Sigamos machacando con el mensaje hasta que cale bien hondo. Copien el discurso en la ficha de Wikipedia y, si es necesario, imprímanlo en una hoja y péguenlo con cola o cinta adhesiva en la frente de quienes están en negación (tal vez en algunos casos no sería mala idea pegarlo con una pistola de clavos, pero traten de que no los pillen porque asesinar con pistolas de clavos a la gente dañina sigue siendo ilegal).

Todavía estamos a tiempo de rescatar la mayor parte de lo que estamos destruyendo. No perdamos la oportunidad.

G. E.

PD: Si quieren mi copia de la supuesta carta del jefe Seattle, la pueden bajar desde aquí.

PPD: Lo de la pistola de clavos era un chiste macabro. La autora de este blog no incita a matar a nadie salvo tal vez a las cucarachas y los mosquitos, ya que son un puñetero incordio del carajo.

VÍNCULO DE LA IMAGEN EN PIXABAY
https://pixabay.com/photos/bison-buffalo-herd-wildlife-1581895/

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31 de octubre de 2019

PAYASOS, CALABAZAS Y UN AMIGO INVITADO

—¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? —le pregunté a mi amigo Luismi—. A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

—Eh... —balbuceó mi pobre amigo.

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

Viendo que mi amigo Luismi aún lucía confundido, le puse una cimitarra en las manos.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Gritando como espartanos de la peli 300, los dos corrimos entonces hacia...

Mmmm, tal vez sea mejor que empiece por el principio, ya que estoy viendo más caras confundidas aparte de la de Luismi :-)

Me levanté en la mañana del 31 de octubre pensando qué disfraces podríamos usar Donald, Cuernito y yo en esta ocasión. ¿De Hugo, Paco y Luis? ¿Las tres brujas de la peli Abracadabra? ¿O tal vez algo verdaderamente terrorífico, como Trump, Putin y Nicolás Maduro? Decisiones, decisiones.

En fin, en medio de tales consideraciones mandé a mi Donaldito a España a buscar a mi amigo Luismi Sabio (autor del blog Sick of Hell), después de lo cual pensé en opciones de disfraces para cuartetos. ¿Trump, Putin, Nicolás Maduro y Kim Jong-un? Nah, demasiado horror junto, causaríamos pánico en el vecindario. ¿Vimes, Zanahoria, Nobby y la capitana Angua, de la guardia nocturna de Ankh-Morpork? Mmmm, podría ser. ¿O qué tal algunos personajes de Stephen King, como los pistoleros de La Torre Oscura?

Cuernito estornudó en ese momento. Estoy más o menos segura de que ése fue el detonante de todo lo que vino a continuación, ya que a los pocos minutos vi por el rabillo del ojo que alguien nos espiaba a través de la ventana, un rostro muy cargado de maquillaje y bastante tenebroso. No, no al estilo Donatella Versace (aunque se le parecía bastante, la verdad), sino más bien de...

—¿Eso fue un payaso? —Cuernito se giró para mirar pero la cara ya había desaparecido—. Aj, tal vez fue el hijo de los vecinos, probando su disfraz para la Noche de Brujas. No importa. ¿En qué estaba? Ah, sí. ¿Harry Potter, Ron, Hermione y Luna? ¿O mejor Dobby en lugar de Luna? —Cuernito hizo una mueca, no muy convencido—. O podríamos ser las tres hadas de La bella durmiente más Maléfica. Hablo de las versiones animadas, no las de la peli Maléfica. ¡O tal vez algunos personajes de Dreamworks! ¿Shrek, Fiona, Burro y la dragona? ¿O los Croods?

Así se nos pasó la mitad de la tarde. Fui a hacer unos recados, no obstante... y por el camino me pareció ver más payasos horrendos. Supuse que eran personas disfrazadas, y no le di más importancia al asunto hasta que volví a casa cargada de caramelos para repartir a los niños.

Vi entonces a Cuernito peleando con uno de los payasos en el porche de mi casa. Peleando en serio. Cuernito le pegó coces, le mordió el trasero y finalmente lo empaló con su cuerno. La sangre salpicó en todas direcciones. A causa de la impresión, dejé caer al suelo las bolsas de caramelos.

—¡¿Pero qué has hecho?! —exclamé—. ¡Entiendo que no te gusten los payasos, mira que yo también los aborrezco, pero no es razón para cometer un homicidio! ¡Y has ensuciado de sangre todo mi porche! ¿Sabes cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso? —(No me pregunten cómo es que sé cuán difícil es limpiar salpicaduras de sangre de un piso poroso.)

Cuernito movió la cabeza de un lado a otro y me indicó que observara mejor al payaso. Di unos pasos hacia el cadáver.

—Ugh, qué mal huele. Y menudos dientes afilados. Y... —El payaso se desintegró a medias, generando nubecillas todavía más apestosas—. Oh. ¿Era un payaso macabro de verdad? —Cuernito asintió—. Esto es obra tuya, seguro. No debí mencionar a Stephen King justo antes de que estornudaras. —Cuernito se encogió adorablemente de hombros—. Ay, qué precioso eres. Toma una paleta de fresa.

Antes de que pudiera decidir qué hacer con los restos del cadáver, de pronto se escucharon gritos por todo el vecindario. ¡Los demás payasos macabros estaban atacando a los vecinos!

—Bue. Me da que tendré que cambiar los planes para la Noche de Brujas. ¿Dónde puse mi hacha? —(No me pregunten por qué tengo un hacha.)

Un payaso especialmente horrendo se tiró encima de la vieja miserable de al lado. Esperé a que terminara de comérsela antes de clavarle el hacha en el cogote, por supuesto (muajajaja, adiós, vieja miserable de al lado).

Poco después mi dragón bajó del cielo trayendo a Luismi. Para ese entonces la batalla estaba en pleno apogeo, de modo que me limité a darle un abrazo rápido (cuidando de no salpicarle encima la sangre que goteaba de mi hacha) antes de decirle:

—¡Qué alegría verte por fin en persona! —Me detuve un segundo para reventar a otro payaso, clavándole el hacha en el esternón—. Tenemos una pequeña situación aquí, espero que no te moleste colaborar. ¿Cimitarra, cachiporra, motosierra o un rifle de caza normalito? A menos, claro, que hayas traído tus propias armas. ¿Tal vez una guadaña como la que usa la Muerte del Mundodisco?

Una horda de payasos se aproximaba por el lado este de la calle.

—Eh... —balbuceó Luismi al verlos. Me dirigió una expresión de "qué carajo está pasando aquí".

—Oye, decídete pronto, cielete, que no hay tiempo que perder. A menos, claro, que quieras acabar destripado, pero no creo que aceptaras venir aquí con esa intención.

A falta de una respuesta, saqué la cimitarra de mi arsenal (no me pregunten por qué tengo un arsenal) y la puse en sus manos indicándole cómo sostenerla.

—Cuidado que está afilada —le advertí—. Corta que da gusto. Trata de no salpicar de sangre la empuñadura, ¿eh?, ya que eso la volvería resbaladiza y no querrás que se te escape en medio de la batalla. ¿Listo? ¡Al ataqueeeee!

Luismi, bendito sea, desistió de pedir explicaciones y en cambio me siguió la corriente, de modo que ambos corrimos gritando hacia la horda payasesca. Donald voló en la dirección contraria, incinerando enemigos al estilo Drogon en Juego de tronos.

Cayó la noche y todavía estábamos matando payasos, salvo que para ese entonces se nos había unido más gente y alguien puso death metal en unos altavoces potentes. Bien. Nada como matar payasos macabros (o simplemente molestos, hay que decirlo) a ritmo de death metal :-)

(Hablando de payasos molestos, es posible que por accidente hayamos matado a un payaso común y corriente que justo pasaba por ahí. Nadie parece haberlo echado de menos, sin embargo.)

No sé qué más hizo Cuernito accidentalmente con su magia (o quizás fue culpa de algún otro unicornio; es decir, no me he molestado en hacer un censo de criaturas mitológicas en mi vecindario, tal vez haya alguna otra), pero en algún momento, además de los payasos, aparecieron murciélagos vampiro y calabazas malvadas con patas. Menos mal que teníamos suficientes armas y municiones, incluyendo un par de AK-47 (no me pregunten de dónde sacamos los AK-47).

—¡Duro con ese Pennywise, Luismi! —exclamé en medio de la batalla—. ¡Bien hecho, Donaldito, pégales de lo lindo a esos dos! ¡Eh, Cuernito, deja de posar para el dibujo del blog y destruye esa calabaza antes de que se coma a mi gato! —(Gatete tonto. Seguro se escabulló fuera de la casa al ver a los murciélagos, ya que le encanta cazar cualquier bicho rastrero y/o volador. No vean el dineral que me ahorra en cucarachicidas.)


La matanza de payasos duró hasta la medianoche. El vecindario quedó hecho un asco. A fin de tener energía, nos comimos todos los caramelos que habíamos comprado para los críos (total, ningún crío se atrevió a salir de su casa con tanto payaso macabro suelto).

Y claro, después hicimos una fiestota de celebración, a pesar de que técnicamente ya había pasado la Noche de Brujas y no habíamos tenido tiempo de difrazarnos (lo cual resolvimos diciendo que nos habíamos disfrazado de asesinos profesionales de payasos macabros, ¡ja!).

—Espero que no te hayas arrepentido de venir —le dije a mi amigo Luismi—. Lamento lo de tus ropas. No creo que esas manchas de sangre de payaso macabro vayan a desaparecer en la lavadora.

—¡Pero qué dices, tía, si me he divertido un montón! ¿Puedo llevarme la cimitarra como recuerdo?

—¡Claro que puedes! Tengo más. —(No me pregunten por qué tengo más de una cimitarra.)

—¡Estupendo! —Luismi blandió la cimitarra. Estuvo a punto de decapitar por accidente a un vecino que se había sumado a la fiestota—. ¡Ups, perdón!

Brindamos con limonada (para las borrachinas ya tuvimos la Oktoberfest días atrás), mandamos a Cuernito a limpiar el vecindario con sus poderes mágicos, y por último consolamos a mi pobre gato traumatizado por su encuentro con la calabaza asesina. Resumiendo, fue una excelente Noche de Brujas :-)

G. E.

PD: El incidente no hizo que nadie dejara de odiar a los payasos.

PPD: Le puse una mascarilla a mi unicornio Cuernito. Al parecer es un poco alérgico al polen primaveral, de ahí los estornudos. Se la sacaré cuando estemos cerca de la Navidad. Con un poco de suerte estornudará de nuevo y ocurrirá algo maravillosamente antinavideño, como una invasión renos zombis o elfos demoníacos :-)

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20 de octubre de 2019

MUNE: EL GUARDIÁN DE LA LUNA

Otra vez me tocó pillar en el cable una película poco conocida pero interesante: Mune: El guardián de la luna. Es una peli animada francesa del género fantástico, diría que para niños entre 6 y 10 años, aunque cualquiera podría disfrutarla porque tiene una animación muy bonita.


¿De qué va? Bueno, básicamente transcurre en un mundo donde tanto la luna como el sol deben ser custodiados por guardianes. Es la época en la que los guardianes viejos han de ceder sus cargos, pero la criaturita que hace la selección del guardián de la luna elige a Mune en lugar del aprendiz que supuestamente debía heredar el puesto.

Mune es una criatura joven e inocente, de buen corazón. Todos lo desdeñan porque no creen que esté capacitado para ser el guardián de la luna. Él mismo tampoco se considera idóneo para la tarea, y durante la primera noche comete un error que desencadena una serie de problemas... lo cual trae de vuelta a un antiguo enemigo que había permanecido oculto por mucho tiempo.

La trama es simplemente hermosa, así como todos los personajes (incluyendo a una valiente muchachita de cera). El final es muy conmovedor. En suma, recomiendo muchísimo esta película para los más pequeños :-)

G. E.

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