¡Aquí les vengo con otra historia, yuju! En este caso se trata de una versión alterna de La bella durmiente . ¿Han leído el cuento original ...

¡Aquí les vengo con otra historia, yuju! En este caso se trata de una versión alterna de La bella durmiente. ¿Han leído el cuento original o visto al menos la película de Disney? Sea cual sea la versión, la pobre princesa es prácticamente un MacGuffin. La peli me gusta mucho, sin embargo, ya que: a) las tres señoras hadas tienen buena onda y hacen casi todo el trabajo, b) Maléfica rebosa perversidad y elegancia y c) la animación es muy bonita, sobre todo los fondos.

En cuanto a la historia original... bueno, mejor no leerla a los niños, la verdad. Aquí les va el resumen por parte de Pascu y Rodri:



Espero que semejante barbaridad de cuento de hadas no les haya provocado un trauma o algo así :-D

En fin, que la princesa esté casi de adorno en su propia historia es un detalle que siempre me ha molestado mucho, por lo que mi mente se puso a trabajar y me largó una trama con numerosas diferencias. Quedó una historia breve, sin embargo, de modo que la sinopsis es igualmente breve:

Una maldición de sueño, la esperanza de un amor verdadero... y un hada decidida a proteger a toda costa la felicidad de su querida amiga princesa.


No pongo la muestra gratis de Amazon (a pesar de que he subido el relato ahí también) porque el librito es un regalo, tal que se puede descargar cliqueando en este enlace. El mismo los llevará a una carpeta en mi Google Drive donde encontrarán el archivo en tres formatos: MOBI (para teléfonos y Kindles viejos), AZW3 (para Kindles nuevos) y EPUB (el cual se puede leer con numerosas aplicaciones en cualquier dispositivo).

Ojalá les guste :-) (¡vengan a decírmelo!).

G. E.

Bueno, me llevó un tiempito poner a punto la última parte de la historia de mi elfa invernal (los libritos anteriores son Corazón de vera...


Bueno, me llevó un tiempito poner a punto la última parte de la historia de mi elfa invernal (los libritos anteriores son Corazón de verano y Alma de océano), pero al fin está disponible para el público :-) La historia es más sencilla y corta que Alma de océano pero ojalá no guste menos por ello, dado que traté de darle el mejor cierre posible. Sinopsis:

La elfa Isala tiene un sueño. Alguien le está pidiendo ayuda desde un desierto, por lo que ella no dudará en dirigirse ahí con su pequeña amiga hada, lista para enfrentar la terrible amenaza que muy pronto hallará.

A continuación, la muestra gratis (clic en la portada para empezar a leer).



MIL GRACIAS a quienes compren la historia, si bien próximamente las tres partes estarán disponibles en forma gratuita en varios sitios, incluyendo mi Google Drive (para descarga directa). Vamos, que las lecturas gratuitas son buenas para el público, pero tengo que amortizar los costos de las portadas y alimentar a mi gato... por no hablar de a mí misma, puestos en ello :-P

Si la minitrilogía se populariza lo suficiente, tengo una buena idea para la continuación, ¡así que anímense a compartirla, reseñarla y/o recomendarla! (en caso de que les haya gustado y quieran una continuación, obviamente, porque no tendría sentido hacer nada de lo anterior sin un mínimo de interés).

Listo, me voy a trabajar ahora en mi siguiente proyecto :-)

G. E.

EDITADO EL 29/7/2020 PARA AÑADIR:

Corazón de verano, Alma de océano y Espíritu en el desierto ya están disponibles para su descarga gratuita desde una carpeta en mi Google Drive. Encontrarán tres versiones de cada archivo: MOBI (para teléfonos y Kindles viejos), AZW3 (para Kindles nuevos) y EPUB (para cualquier dispositivo con una app adecuada para leer este tipo de archivos; la de Calibre, por ejemplo). Clic aquí para ir a la carpeta.

[Primera parte de la historia aquí , segunda parte de la historia aquí .] Para Hamza Okoro, Nueva York no podía ser más diferente de la...

[Primera parte de la historia aquí, segunda parte de la historia aquí.]


Para Hamza Okoro, Nueva York no podía ser más diferente de la pequeña aldea africana donde había nacido. Incluso en la época actual, el hogar de sus padres carecía de electricidad y agua corriente, y la ciudad más cercana se hallaba a muchos kilómetros de distancia. Sin embargo, según su abuelo, la civilización los había alcanzado de otras maneras, y no precisamente favorables.

¿Qué quedaba de las grandes sabanas que solían recorrer los ñus y los elefantes, los leones y las hienas? Poca cosa. Excepto por las reservas, donde nadie entraba salvo los turistas, las tierras vírgenes habían sido dedicadas a la ganadería o convertidas en campos pobres de cultivo. En otros lugares había fábricas y ciudades, o extensos basureros que alojaban los desperdicios del mundo moderno.

A pesar de todo, Hamza era un cazador. Su abuelo le había enseñado a seguir rastros, aunque fuera de pequeños roedores, y él había practicado el tiro al blanco con objetos inanimados, móviles o inmóviles. No obstante, a diferencia de su colega Randy Winston, él nunca había matado un solo animal. Su vocación de cazador era puro instinto, como los gatos domésticos que juegan con bolas de lana en lugar de ratones. Estaba bien así. Perseguir animales para protegerlos era igual de satisfactorio.

Hamza había atravesado medio mundo para llegar a Nueva York, obedeciendo un pedido de lo más extraño. Bueno, el pedido no era tan extraño, pero sí las explicaciones que llevaban a él. ¿La misión? Capturar un tigre. ¿Lo raro del asunto? Para empezar, se trataba del mismo felino que le había destrozado los brazos a su colega Winston, quien no sólo había sufrido la amputación de uno de ellos, sino que se hallaba también en un estado delirante para el que los médicos no tenían respuesta alguna. Básicamente se lo pasaba diciendo incoherencias sobre reyes de la selva y precios a pagar por la osadía de mancillar lo que era sagrado.

En segundo lugar, el felino se había extraviado en plena Ciudad de Nueva York, y llevaba así varias semanas sin que nadie hubiera podido atraparlo. De algún modo había llegado hasta el mismísimo Parque Central, y todos los equipos destinados a recuperarlo habían desaparecido en él como si fuera la antigua Amazonia. Eso no tenía ningún sentido, pero más increíble era la siguiente pieza de información: una de las veterinarias del zoológico, la doctora Susan Dale, se las había arreglado para liberar a los demás animales encerrados, y éstos también se habían refugiado en el Parque Central.

Hamza había pensado que le estaban jugando una broma, pero no, la cosa iba en serio, y ahora él tenía que capturar al tigre fugitivo y posiblemente al resto de la fauna del zoológico. Para redondear la situación, nadie había contestado sus llamadas durante las últimas cinco horas. Hamza, por lo tanto, se dirigió primero al zoológico, donde se suponía que un grupo de expertos lo estaría esperando para ayudarlo en su tarea.

Mucho antes de llegar a destino, el hombre se dio cuenta de que algo no estaba bien. Era apenas la segunda vez que visitaba Nueva York, pero la recordaba como una ciudad ruidosa y ajetreada, con peatones que iban de un lado a otro muy concentrados en su objetivo. Esa tarde, en cambio, había muy poco tráfico, y las pocas personas que caminaban por ahí parecían deambular sin rumbo fijo. Hamza vio a varios ejecutivos detenerse poco a poco, mirar en derredor y continuar la marcha en otra dirección, como si hubieran olvidado su propósito original. El cazador disminuyó la velocidad. Tenía miedo de atropellar a alguien o de chocar con otro automóvil.

Una sorpresa todavía mayor lo esperaba en el zoológico: las puertas estaban abiertas y al parecer no había nadie en su interior, ya fueran hombres o animales. El cazador bajó de su camioneta. Ahora sí que no entendía nada, por lo que ahuecó las manos frente a su boca para llamar a gritos a quien pudiera escucharlo. Nadie le respondió, tampoco a sus llamadas telefónicas.

El hombre frunció el entrecejo. Estaba más confundido que nunca y no sabía qué hacer a continuación. ¿Debía aguardar hasta que alguien fuera a buscarlo o marchar al Parque Central en busca del tigre perdido? Tal vez los empleados del zoológico estuvieran ahí... si bien Hamza comenzaba a dudarlo. El hombre no era supersticioso, pero de pronto sintió que estaba tratando con un poder más allá de su comprensión.

Volvió a la camioneta y arrancó de nuevo. Recordando los delirios de Randy Winston, se le ocurrió que hallaría las respuestas junto al animal que lo había iniciado todo.

Un rato más tarde, Hamza detuvo el vehículo frente al Parque Central, no porque hubiera llegado a él, sino porque los árboles habían avanzado a su encuentro. El hombre bajó de la camioneta una vez más y contempló el extraordinario paisaje, tan asombrado que por un instante se quedó sin aliento.

El pavimento y los edificios estaban llenos de grietas, y la vegetación surgía de ellas como si la ciudad hubiera estado abandonada durante siglos. Los automóviles circulaban evitando las raíces y los troncos, pero allí donde no era posible, sus conductores se apeaban y continuaban a pie sin demostrar sorpresa o fastidio. Muchos de ellos abandonaban sus bolsos o portafolios, y Hamza vio a un hombre interrumpir una conversación por su móvil, contemplar el aparato unos segundos y dejarlo caer al suelo. Luego ese hombre se quitó los zapatos y la corbata y penetró en la arboleda, donde no tardó en desaparecer.

¿Qué clase de embrujo era ése?, se preguntó el cazador. Una especie de selva se estaba apoderando de Nueva York y parecía lo más natural del mundo. Hamza volvió a pensar en Randy Winston y un escalofrío recorrió su espalda. Tenía que dar la vuelta y huir. Tenía que marcharse de ese lugar antes de que el embrujo lo afectara a él también. Retrocedió hasta su camioneta... y se detuvo, porque se dio cuenta de que otra parte de su ser se moría de curiosidad. Aquello era... fascinante. Hacía tiempo que no veía tantos árboles juntos, y francamente había olvidado cuánto le gustaban. Estiró un brazo para retirar del vehículo su rifle de dardos; luego lo pensó mejor y colgó de su cinturón un cuchillo grande, de doble filo. Equipado de esta manera, se metió al parque siguiendo a las demás personas.

Lo primero que llamó su atención fue el clima: hacía calor ahí dentro, y la humedad era sofocante. Hamza abrió los botones de su camisa hasta dejar su pecho al descubierto, pero eso no le bastó para refrescarse, de modo que se quitó la prenda y la ató a su cintura. Una mariposa grande pasó frente a él. Por lo que el hombre sabía, esa especie no existía en Nueva York. Hamza pasó una mano por su frente y siguió caminando, atento a cualquier movimiento o sonido amenazador.

Las construcciones humanas del parque seguían en su sitio, pero había que prestar atención para verlas porque estaban cubiertas de hojas y enredaderas. De los senderos no quedaba mucho a estas alturas, y Hamza se preguntó si a la mañana siguiente sería capaz de distinguirlos. Probablemente no.

El cazador sintió que alguien lo observaba, pero tardó un poco en descubrir la figura oculta entre las ramas. Era una mujer joven, desnuda, cubierta de barro. Sus ojos azules destacaban como zafiros en la penumbra, y no había nada humano en su expresión. Aun así, Hamza creyó reconocerla por una foto que Winston le había enseñado.

—¿Doctora Dale? —preguntó el cazador. Ella no respondió. Se lo quedó mirando un poco más, evaluándolo en silencio, y luego escapó con la agilidad de un simio, saltando de árbol en árbol. Algunas aves chillaron a su paso.

Hamza secó de nuevo el sudor en su frente, aunque empezaba a acostumbrarse al calor. Sospechaba que muy pronto se sentiría cómodo ahí, y tal vez no le parecería mala idea quitarse toda la ropa, igual que la mujer.

Unos gruñidos y ronroneos llegaron a él. Apretando el rifle en sus manos, el hombre continuó avanzando en esa dirección. Sentía que estaba a punto de ver algo temible y maravilloso al mismo tiempo, algo que cambiaría su vida para siempre. Dar la vuelta ya no era una opción.

Los árboles se abrieron un poco, dejando entrar la luz del sol, y ahí, sobre la hierba, estaba el tigre. Su pelaje brillaba con colores intensos, y su presencia llenaba el claro más allá del espacio que realmente ocupaba su cuerpo. Sentado sobre sus patas traseras y agitando su cola anillada de un lado a otro, le dirigió al recién llegado una mirada de advertencia. El hombre levantó su rifle y apuntó, pero su dedo no oprimió el gatillo. El tigre era muy hermoso.

Había una hembra en la periferia del claro. Ésta se aproximó al tigre y restregó la cabeza contra su costado, y él le respondió con un gruñido afectuoso. El rey y la reina del Parque Central, pensó el cazador; Adán y Eva de un nuevo mundo. ¿O sería de un viejo mundo que volvía a nacer? Daba lo mismo. No sería él quien perturbara la escena, de modo que bajó el rifle y lo depositó en el suelo, como una ofrenda de paz. La mirada del tigre se suavizó. Parecía satisfecho.

Tanta belleza, pensó el hombre, retrocediendo paso a paso. Tanta belleza al borde de la extinción, rescatada en el último minuto por un milagro. Los labios de Hamza se curvaron en una sonrisa cuando un pavo real se cruzó en su camino, deslumbrándolo con los destellos de sus plumas. Ninguna obra de arte humana había llegado a superar eso.

El cazador se desvistió por completo. Ahora el calor le resultaba agradable, así como el tacto de la tierra bajo sus pies. ¿Qué necesitaba un hombre para vivir? ¿Computadoras, dinero, automóviles caros? Bah. La especie había existido miles de años sin nada de eso, y sin destruir su entorno para crear un ambiente artificial.

Lo único que Hamza conservó fue el cuchillo. Por unas horas, al menos, hasta que lo usara para afilar un palo. Necesitaba una lanza.

Esa noche cazaría su propia comida.

G. E.

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[Primera parte de la historia aquí .] El avión cruzaba el Atlántico sin tropiezos de ninguna clase, rozando apenas con su vientre metál...

[Primera parte de la historia aquí.]


El avión cruzaba el Atlántico sin tropiezos de ninguna clase, rozando apenas con su vientre metálico algunos montones de nubes aborregadas. A la doctora Susan Dale no le gustaba mucho el transporte aéreo, pero ese día tuvo que admitir que estaba bastante cómoda en el compartimiento de carga, sola en la penumbra. Bueno, no exactamente sola. Ella cuidaba a cierto pasajero peludo, y aunque éste no hablaba, su compañía le resultaba más satisfactoria a la mujer que la de muchas personas.

El tigre descansaba en su jaula, despierto pero en calma. Era un poco extraño; después de haber mandado a Randy Winston al hospital con heridas gravísimas, no había dado un solo problema desde su captura a pesar de ser un animal salvaje. La doctora Dale había traído suficientes tranquilizantes para todo el viaje, pero ya pensaba que no tendría que usarlos. Mejor así, por supuesto. Bastante malo era haber tenido que sacar al animal de su entorno como para encima mantenerlo drogado. Esa mirada inteligente, su indolencia gatuna, la elegante pose de esfinge... ella no quería arruinar eso. Y la forma en que el tigre la miraba de reojo la hacía estremecerse, pero no de miedo sino de emoción. Susan estaba frente a una de las especies más bellas del planeta, y cada vez que el tigre le prestaba atención era como un obsequio. Ella no tenía la obligación de cuidarlo, tenía el privilegio de cuidarlo, igual que un tesoro. Además, ya podía verse supervisando a los nuevos cachorros que el animal engendraría, los cuales serían sin duda tan magníficos como él. Las cosas no podían salir de otra manera.

El felino bostezó y luego se dio la vuelta en la jaula para mirar a Susan fijamente, transmitiéndole su fuerza y serenidad. De pronto ella se sintió parte del tigre y su mundo: oculta entre los árboles, escuchando el canto de las aves mientras esperaba a que algún herbívoro incauto se pusiera a su alcance para saltar sobre él y devorarlo. Era el llamado de la naturaleza, exhortándola a convertirse en lo que su propia especie había sido alguna vez, cuando los seres humanos aún no conocían el lenguaje escrito y vagaban por el mundo en grupos, recolectando frutos y cazando animales sin más ayuda que palos y piedras. Era una existencia dura pero sin artificios, y los hombres y mujeres formaban parte de la tierra en lugar de explotarla según su conveniencia. El ciclo de la vida y la muerte en su forma original.

La aversión de Susan por los aviones regresó en toda su intensidad. ¿Qué hacía en una máquina voladora? Ella no tenía alas propias, y sólo así concebía la idea de remontarse en el aire. Se quitó los zapatos. Ahora le molestaban, ya que no le permitían sentir de qué estaba hecho el suelo bajo sus pies. Sin embargo, no se sintió mucho mejor después de quitárselos, debido a la superficie lisa y dura que la sostenía. En ese momento habría dado cualquier cosa por caminar sobre la hierba o la arena, atravesando las distancias con el esfuerzo de su propio organismo. Las máquinas no tenían alma, eran cosas frías y muertas que sólo producían contaminación y ruido.

El tigre ladeó la cabeza. Susan tenía muchas ganas de tocarlo, de acariciar con sus dedos el hermoso pelaje y disfrutar al mismo tiempo de su calor, pero le daba un poco de miedo. O quizás fuera respeto. En comparación con el tigre, ella era muy poca cosa.

El resto del vuelo pasó sin que la mujer lo notara, como si hubiera retrocedido en el tiempo a una época anterior a los relojes, las horas y los minutos. Lo que importaba en ese entonces eran los ciclos de la noche y el día, las estaciones, el hambre y los latidos del corazón. ¿Qué falta hacían los calendarios? Parecía tonto medir lo que no se podía cambiar.

La luz del exterior penetró el compartimiento de carga cuando la puerta se abrió, y Susan vio un par de rostros conocidos pero que le costó muchísimo identificar, dado que sus nombres no significaban nada para ella. En lugar de eso tuvo que recurrir a los olores y las voces, y recién entonces pudo responder con un gesto a los hombres que la saludaron. Ellos se detuvieron y la miraron con extrañeza.

—Doctora Dale, ¿se encuentra bien? —preguntó el que se hallaba más cerca. Susan tuvo que abrir la boca varias veces antes de conseguir articular unas palabras.

—Yo... estoy... bien.

—Ah. ¿Por qué no le avisó al piloto de que hacía calor aquí dentro?

¿Calor? ¿Hacía calor? Ella no se había dado cuenta. ¿De qué estaba hablando el hombre? Susan percibió una brisa fresca en sus brazos, piernas y estómago, y al verse a sí misma descubrió que apenas estaba vestida. Se había quitado la chaqueta además de los zapatos, y había usado las tijeras de su equipo quirúrgico para recortar su blusa y pantalones. No recordaba nada de eso, pero, pensándolo bien, no había sido tan mala idea. Se sentía... más libre.

—Bueno, da igual —continuó el hombre—. El camión está esperando para trasladar la jaula. Ya tenemos los permisos de aduana. ¿Está sedado? Se ve muy tranquilo.

Susan miró al tigre. No había cambiado de posición ni de actitud, aunque sí parecía más alerta que antes. Como si esperara... algo.

Por centésima vez, Susan reprimió las ganas de acariciar al tigre y se dijo que no debía sentir lástima por el hecho de que fuera a pasar de una jaula a otra. Al fin y al cabo, pronto estaría con dos bellas compañeras, en un espacio grande y adecuado a sus necesidades. Viviría muchos años disfrutando todas las comodidades posibles, querido y admirado por los visitantes del zoológico, y... y...

Pero ya no sería un rey, pensó la mujer. Y si la especie no se recuperaba, el tigre se convertiría en una reliquia. No era el destino apropiado para semejante maravilla.

Una hora después, la jaula estaba en el camión y éste se dirigía al zoológico por una calle gris flanqueada por edificios igualmente grises. Las personas circulaban como en manadas de un lado a otro, ajenas a la ausencia de árboles. Había algunas plantas en tiestos, pero eran parte de la decoración.

Susan se percató de lo mucho que odiaba las grandes ciudades. ¿Cómo podía siquiera haber aire respirable entre tantos muros de concreto? El cielo era apenas una franja grisácea allá en lo alto, como si las construcciones humanas también se lo hubieran tragado. La mujer sintió que se ahogaba, por lo que abrió otro botón de su blusa. Ya se le veía el sujetador, pero no le importaba; era su cuerpo, algo perfectamente natural de lo que no tenía por qué avergonzarse. Que el conductor la mirara, si eso lo hacía feliz.

Un sonido empezó a elevarse desde la parte trasera del camión. Al principio era un murmullo suave, pero luego fue creciendo hasta convertirse en un poderoso ronroneo. Susan estuvo a punto de preguntar si algo le pasaba al motor del vehículo, pero entonces supo que el sonido provenía del tigre. No, no podía ser, se contradijo después; los tigres no ronroneaban... ¿o sí? Daba igual. Como fuera, el sonido había opacado el bullicio de la ciudad, desde el tráfico hasta las maquinarias de construcción. Susan no escuchaba otra cosa, y poco a poco el ronroneo se apoderó de ella haciéndole olvidar todo lo demás. El conductor tampoco parecía ajeno a su influencia, ya que a menudo giraba la cabeza hacia atrás, cada vez más distraído.

Susan dejó de ver los edificios. Tenía la mente llena de hojas verdes, lluvia, flores y monos. Sus oídos percibían, por debajo del ronroneo, cantos de pájaros y el croar de las ranas. Le gustaba todo eso. La hacía sentir como en casa.

La mujer apoyó una mano en la de su compañero y lo miró sin decir palabra. No hacía falta. El conductor adivinó lo que ella quería decirle y se limitó a girar el volante, desviando al camión del flujo de vehículos. De esta manera llegó a una calle poco transitada, y ahí pisó el freno. El ronroneo era más fuerte que nunca, y ahora también lo acompañaba el latido de un corazón. Susan pensó que era como una especie de música. Música de vida salvaje.

El hombre y la mujer descendieron del camión y fueron hasta la parte de atrás. En la jaula, el tigre se lavaba una pata con la mayor tranquilidad del mundo, aunque dejó lo que estaba haciendo y se puso en pie al ver a ambos humanos. No intentó hacerles daño cuando ellos se acercaron para abrir la puerta de la jaula.

Segundos después, Susan tenía al tigre justo frente a ella, sin barrotes de por medio. No había agradecimiento en los ojos del felino sino más bien una profunda soberbia. El orgullo de un rey. La mujer se puso de rodillas y extendió una mano. Estaba indefensa y lo sabía, pero no le importaba; se sacrificaría de buena gana en caso de que el tigre tuviera hambre y decidiera tomarla como su próximo alimento.

El animal acercó el hocico a la mano y permitió que Susan lo acariciara. Ella inclinó la cabeza y miró al suelo, y sus dedos recorrieron el pelaje del animal pasando por su frente, sus orejas y los mechones blancos a ambos lados de su cara. No era suave sino áspero y recio, la mejor protección contra los elementos. La mujer habría podido quedarse así durante horas.

El tigre se apartó y luego Susan percibió una corriente de aire a su derecha. Cuando ella se giró, el animal había desaparecido entre los edificios como si la urbe fuera otra especie de jungla. Susan lo habría seguido... pero tenía algo más que hacer.

La mujer le indicó al conductor que regresaran al vehículo y ambos continuaron de camino al zoológico.

G. E.

Siguiente entrada: LA MALDICIÓN DEL TIGRE (3).

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[Nota: Escribí este cuento en 2011 y lo publiqué en un blog que ya no existe porque no lo visitaba casi nadie. En fin, aquí les va de nuevo,...

[Nota: Escribí este cuento en 2011 y lo publiqué en un blog que ya no existe porque no lo visitaba casi nadie. En fin, aquí les va de nuevo, espero que tenga más lecturas esta vez :-D]


Los sonidos de la selva llenaban el aire tanto como la humedad y el calor, completando aquel entorno salvaje por el que los humanos se desplazaban con el mayor sigilo posible. Esto último no resultaba nada fácil; la vegetación era espesa y a menudo obstruía el camino, y los insectos picadores no dejaban de acosarlos. A Randy Winston, sin embargo, nada de eso le importaba. Hacía más de diez años que no pisaba una selva de verdad, y tal ambiente reconfortaba su espíritu de cazador. O mejor dicho, su espíritu de ex cazador.

La expansión humana había reducido los espacios vírgenes a unos pocos parches aislados. Existían reservas y zoológicos, por supuesto, pero sin las grandes extensiones que permitían la diversidad genética, buena parte de las especies grandes se hallaba al borde de la extinción. Era por eso que Winston ya no cazaba. Simplemente no quedaban presas, y el hombre había puesto sus servicios a la orden del World Wildlife Fund for Nature con la esperanza de que algún día sus animales favoritos volvieran a recorrer el mundo con libertad. Los activistas del WWF no lo tenían en muy alta estima debido a sus intenciones, pero hacían buen uso de su habilidad para el rastreo y su puntería con el rifle de dardos.

Winston apartó una mosca que zumbaba frente a su cara y usó un pañuelo para secar las gotas de sudor que se le metían en los ojos. Necesitaba ver con claridad, dado que las huellas eran muy sutiles y cualquier distracción era suficiente para que se confundieran con otras depresiones del terreno. Además, a sus cincuenta y cuatro años Winston ya no tenía la agudeza visual de su juventud. Debía ser cuidadoso o el animal escaparía. Otra vez.

Los granjeros locales lo llamaban Muerte Silenciosa en hindi. El tigre salía de la selva por las noches, atrapaba a alguien y desaparecía con su víctima en la espesura. Nunca se encontraban los restos del cadáver, salvo quizás algún zapato o pedazo de tela. Sólo un niño había visto al animal, la noche en que éste se llevó a su hermanito de cinco años cargándolo en la boca igual que una gata a sus bebés. Era un gigante, le había dicho el niño a Winston; un gigante del color del fuego, con rayas negras como la noche y ojos amarillos y relucientes como el sol. Y hermoso, muy hermoso. Ése era un detalle que a Winston le había llamado la atención: que el niño alabara la belleza del tigre aunque hubiera devorado a su hermano. Sin embargo, el hombre podía entenderlo. Pocas cosas en el mundo eran más perfectas que un tigre, un ser que reunía gracia, fuerza y astucia en un solo cuerpo, pintado a su vez por la naturaleza con un diseño exquisito. Quien jamás hubiera visto un tigre y lo tuviera ante sí por primera vez, sin duda pensaría que algo tan magnífico no podía ser del todo real.

Quedaban apenas cincuenta y ocho tigres en el mundo, confinados en dos estaciones de cría. El animal de esa selva era el primer ejemplar en estado salvaje del que se tenía noticia en los últimos veinte años, y dado que al parecer estaba solo, el objetivo era capturarlo con vida, trasladarlo a Nueva York y ponerlo ahí con dos hembras fértiles y sanas a fin de obtener cachorros. Era crucial obtener sangre nueva; la endogamia había vuelto a los tigres muy susceptibles a una enfermedad viral, y un nuevo brote de la misma podría matarlos a todos en menos de una semana. Eso había pasado con los guepardos, que ahora sólo existían en los documentales. Era una pena. Nunca más volverían a correr detrás de las gacelas, aunque a decir verdad tampoco quedaban muchas de ellas para perseguir.

Winston se detuvo un momento. Acababa de encontrar una huella muy clara en el barro: cinco almohadillas perfectamente dibujadas. El primer pensamiento del hombre fue que el niño había tenido razón, pues un cálculo rápido le permitió saber que el animal sí era grande, más que el promedio. Algo así como trescientos kilogramos de puro músculo, dientes y garras. Randy Winston se moría de ganas por enfrentarse a él cara a cara, aunque no fuera a matarlo. Sería toda una experiencia.

Por fin llegó el momento en que la nariz del hombre captó su objetivo: el olor de la guarida. Su instinto más primitivo, el de supervivencia, le indicó que retrocediera, ya que ese olor significaba peligro; sin embargo, Winston se había entrenado para desoír ese tipo de advertencias, y lo que mandó fue la voz de su intelecto diciéndole que él era el depredador. La bestia no lograría vencer su inteligencia superior... ni al anestésico que pronto recibiría a través del dardo. Ya eres mío, pensó el hombre, y una sonrisa cruzó su rostro de barba incipiente.

Winston hizo un gesto a sus colegas: tenían que moverse con mayor sigilo todavía para no alertar al felino, cuyo sentido del oído debía de ser muy agudo. El cazador esperaba que, por causa de la hora, el calor y el festín que seguramente se había dado con el último granjero, el animal estuviera durmiendo o por lo menos aletargado. Podría dispararle desde una buena distancia; sólo necesitaba un blanco nítido y medio segundo para oprimir el gatillo. Pan comido.

Winston avanzó unos pasos más. Ya creía ver algo a través de la maleza, unos... ¿muros de piedra? Sí, eso eran, pero no se sorprendió. Había muchos templos abandonados en la región, y a los animales les gustaba usarlos como refugio. El tigre debía de hallarse en algún lugar entre las piedras, a la sombra, en el fresco. Winston rodeó los pocos restos de la construcción... y no vio más que un montón de hojas aplastadas. El hombre titubeó un instante. Luego hizo una mueca de enojo: el tigre los había escuchado llegar. ¡Demonios! No podía estar demasiado lejos, sin embargo, ya que el lecho vegetal se veía como recién abandonado y había huellas muy recientes en su periferia. Sólo tenían que seguirlas y...

Un minúsculo crujido fue el único aviso antes del ataque. Cualquier otra persona habría sucumbido en ese preciso instante, pero los reflejos de Winston estaban a la par de sus sentidos, y el hombre tuvo tiempo de darse la vuelta y dispararle a la mole que estaba cayendo sobre él con las garras desenfundadas y los dientes expuestos, una larga y borrosa mancha anaranjada y negra. El dardo pegó en el blanco; Winston lo vio clavarse en la piel del tigre, y como no había tiempo para nada más, cruzó los brazos ante él para defenderse de la embestida que ya no podía frenar. El dolor fue inmediato, intenso, y le arrancó un grito antes de que el tigre lo aplastara contra el suelo, dejándolo sin aire. La cabezota del felino llenaba todo su campo visual: ojos dorados fijos en él con hambre y furia. Voy a matarte, le decían esos ojos; has invadido mi territorio y pagarás por ello con tu sangre. Aun así, Winston se perdió en la mirada del tigre como si fuera un hechizo, dado que tenía frente a sí a la bestia más admirable que hubiera visto en toda su existencia. Le estaba desgarrando los brazos con una facilidad pasmosa, iba a morderle la garganta a la menor oportunidad y entonces sólo le quedarían unos segundos de vida; no obstante, lo que Winston pensó fue que ojalá sus compañeros no mataran al tigre para salvarlo a él, ya que estaba dispuesto a sacrificarse por aquella criatura tan magnífica. Nunca antes había pensado semejante cosa.

Hubo una confusión de voces y más disparos retumbaron en la selva. El tigre no había soltado a Winston, y sus garras dejaban largas y profundas marcas en su pecho. Los brazos del hombre eran sendos despojos de carne ensangrentada. Winston seguía gritando de dolor. Ya no le quedaba mucho tiempo, lo sabía, y sólo esperaba que el sufrimiento acabara pronto y que el tigre sobreviviera. No era una mala forma de morir, como un cazador cazado.

Las mandíbulas del animal aflojaron la presión. Los dardos estaban haciendo efecto, y poco a poco el tigre perdió fuerzas, derrumbándose sobre su presa como un peso muerto. Winston aún contemplaba los ojos dorados del felino, que se vaciaron de expresión al tiempo que la droga se apoderaba de la criatura, dominándola en silencio. El tigre se había dormido.

Winston se quedó ciego un momento, por la falta de aire y la pelambrera del animal que tapaba su cara. Luego sus compañeros empujaron al tigre a un lado y el cazador vio el primer rostro que se inclinaba sobre él manifestando preocupación.

—Randy, ¿puedes hablar?

El aludido no entendió la pregunta. Giró la cabeza hacia el felino, el cual yacía de costado, respirando suavemente. Sí, era hermoso. Una obra de arte maravillosamente letal.

—Es un rey —balbuceó Winston—. El rey de los tigres.

—¿Qué has dicho? —preguntó el otro hombre.

—Nos estamos llevando el corazón de esta selva—murmuró Winston mientras su propia conciencia se desvanecía—. Habrá... consecuencias.

Después de eso lo invadió la oscuridad.

G. E.

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¡Pensar que la cosa empezó tan bien! Año nuevecito, terminado en cero, y en mi país ganó las elecciones el partido que voté, para variar ( s...

¡Pensar que la cosa empezó tan bien! Año nuevecito, terminado en cero, y en mi país ganó las elecciones el partido que voté, para variar (sorry, uruguayos que votaron al FA, pero creo que tanto populismo no le estaba haciendo ningún bien a Uruguay).

Y de pronto... ¡pataplúm!, apareció el coronavirus y de pronto los problemas empezaron a caernos como una maldita bola de nieve. En lo que va de 2020 llevamos:

la pandemia del carajo
la crisis económica derivada de la pandemia
terremotos
nubes de polvo
las manifestaciones por el asesinato de George Floyd
una plaga de langostas
una invasión de avispones que matan abejas
un derrame desastroso de combustible en Rusia
un brote de peste bubónica
la muerte masiva y misteriosa de muchos elefantes
más incendios de lo normal en la Amazonia y Australia

A ver, ¡que ya son demasiados problemas y plagas!, ¿dónde están los hebreos que hay que liberar para que esto pare? ¡Como vea a Moisés por ahí le voy a pegar con mi cachiporra, a ver si se deja de fastidiar!

¿Quién te hizo daño como para que nos trates así de mal, 2020? ¿Acaso te levantaste del lado izquierdo del calendario? ¿Es el Apocalipsis? ¿O tal vez el Ragnarok? ¡Thor, ven a salvarnos, te queremos igual aunque te hayas puesto regordete!

No sé, como 2020 no mejore un poco en su segunda mitad, vamos a tener que contratar unos cuantos mafiosos italianos para amenazarlo de lo lindo. ¡O quizás debamos lincharlo entre todos, como las turbas enfurecidas de las películas de monstruos! ¿Dónde se consiguen antorchas, hachas y horquillas? (En la ferretería, supongo. Espérenme aquí, voy a preguntar si hay descuento para las compras a granel.)

Año 2020: ¡¿Pero por qué no me aman, si les estoy haciendo vivir tiempos muy interesantes?!
Turba enfurecida: ¡Métete los tiempos interesantes ahí por donde no brilla el sol, cabrón de porquería!

¡Muere, 2020, muereeeeee! (¡O al menos déjate de joder, leñe!)

G. E.

PD: Si se preguntan por qué el 2020 es un hombre de mediana edad con túnica y un reloj de arena, echen un vistazo a esta otra entrada.

PPD: Hagan como los personajes en mi dibujito y usen las mascarillas en los lugares públicos, ¿eh? ¡No olviden cubrirse la nariz!

Tal vez hayan notado que, cuando hago un dibujito de mí en el interior de mi casa, las paredes son de un color azul grisáceo y el piso de co...

Tal vez hayan notado que, cuando hago un dibujito de mí en el interior de mi casa, las paredes son de un color azul grisáceo y el piso de color crema. Eso se ajusta más o menos a la realidad, excepto que el piso de mi casa no es de un color crema homogéneo sino esta monstruosidad:


NO TENGO UN VOCABULARIO LO BASTANTE INCENDIARIO PARA DESCRIBIR LO MUCHO QUE ODIO EL MALDITO PISO DE MI CASA. TENDRÍA QUE USAR TODAS MIS PALABROTAS E INVENTARME UNAS CUANTAS MÁS TAN HORRENDAS QUE GOOGLE VENDRÍA DE INMEDIATO A CANCELARME EL BLOG.

Uf. El problema no es que me disguste el aspecto de las baldosas en sí, y como piso funciona bien en el sentido de que evita que caigamos al subsuelo o al infierno. Pero... ¿SABEN LO RECONTRA MEGA DIFÍCIL QUE RESULTA ENCONTRAR CUALQUIER COSA EN UN PISO ASÍ? Básicamente es como una jungla, dado que tantísimas cosas se pueden camuflar en él. Cada baldosa tiene un diseño diferente, encima, de modo que un objeto caído en ellas no rompe ningún patrón (soy buena para detectar irregularidades en un patrón).

Puestos en ello, ¡algunas cosas nunca vuelven a aparecer! ¡Es como si el maldito piso tuviera una especie de portal a otra dimensión! (¿tal vez como las lavadoras de ropa que devoran calcetines?).

¿Pueden ver los tres pequeños objetos que deposité sobre las baldosas antes de sacar esta foto? ¡Porque yo ya no! ¡¡AAARRRGGGHHH!!

Lo único bueno de este tipo de piso es que, si uno está en el inodoro y no va a salir de ahí por un rato (fibra en la dieta, gente, eso se arregla con fibra en la dieta), es posible jugar a buscar figuras en las baldosas como si de constelaciones se tratara.

¡Miren, un león!

Por ahora no tengo planes de mudarme, pero si llegara a hacerlo en algún momento, ¡les juro que el diseño del piso será un factor muy importante a la hora de escoger mi nueva vivienda! ¡Aunque seguro que cualquier otro piso será menos horrible que el actual!

¡Sí, por fin un piso decenteeee!

¿Qué me dicen? ¿Se volverían locos también con un piso como el de mi casa?

G. E.

PD: No, no dibujé el león en el piso de mi casa, se lo añadí digitalmente a la foto. Pero un día de éstos igual voy y le dibujo encima. Total, peor no va a quedar, ¿verdad?

Es triste que tenga que estar escribiendo un tercer artículo sobre este tema (los otros dos están aquí y aquí ), pero como el problema s...


Es triste que tenga que estar escribiendo un tercer artículo sobre este tema (los otros dos están aquí y aquí), pero como el problema sigue, pues mi enfado también.

Ahora mismito mi enojo se debe a dos conceptos erróneos que las personas no dejan de repetir: 1) "el acoso hace más fuertes a los niños" y 2) "hay que enseñar a los niños a que devuelvan los golpes".

Ahora viene una larga explicación sobre por qué esos dos conceptos son un disparate del carajo. Agárrense de algo, es posible que use palabrotas.

¡NO, EL ACOSO NO FORTALECE!

Es cierto que no hay que proteger a un crío de todos los conflictos. Es cierto que hay cosas que tendrá que aprender a solucionar por su cuenta.

¡¡PERO EL ACOSO ESCOLAR NO ES UNA DE ESAS COSAS, DEMONIOS!!

Pretender que un niño o adolescente víctima de acoso escolar resuelva el problema es como pretender que una víctima de violación rastree y detenga a los violadores. Sí, sé que la comparación es bastante fuerte, pero hoy en día HAY NIÑOS Y ADOLESCENTES QUE SE SUICIDAN DEBIDO AL ACOSO ESCOLAR. La cosa ya no es tan simple como "uh, te insultaron por bajito, no les des bola". El problema ha evolucionado para peor. MUCHO PEOR.

¿Y saben cuál es la causa del problema y su empeoramiento? PUTOS ADULTOS QUE NO HACEN SU PUTO TRABAJO.

A ver si queda bastante claro: UN NIÑO NO ESTÁ CAPACITADO PARA LIDIAR CON AGRESIONES VERBALES/FÍSICAS CONSTANTES. No tiene las herramientas emocionales. Puede incluso no tener la capacidad física para defenderse, en caso de sufrir una discapacidad o ser víctima de acoso por parte de críos más grandes.

Por desgracia, vivimos ahora mismo en una sociedad en la que muchos padres no se molestan en reprender las malas acciones de sus hijos (en serio, ¿cómo permiten algunos que sus críos destrocen todo en un supermercado?), y en la que el sistema educativo prefiere ignorar o incluso CASTIGAR a las víctimas de acoso (por ejemplo, expulsa al niño acosado que se defiende en lugar de obligar a los padres del niño acosador a mandar a su vástago a un terapeuta). También es posible que en algunos colegios ¡ni siquiera permitan a los docentes contener físicamente a los alumnos que están cometiendo una agresión! (Esto no se cuestionaba cuando yo era chica: si dos niños se estaban golpeando en el recreo, las maestras acudían en grupo y los separaban, punto, penitencia para todos los involucrados.)

"A mí me hicieron bullying y eso me fortaleció", dicen algunos. PUES ME ALEGRO MUCHO, PERO ESO NO CAMBIA NADA PARA LOS DEMÁS, LEÑE. Básicamente es como decir "yo no estaba usando el cinturón de seguridad y no me pasó nada cuando choqué con el auto"... mientras que otra gente sale despedida por el parabrisas y muere o queda con lesiones permanentes.

El impacto del acoso es real, se ha medido. Tomar como modelo a las pocas personas que se consideran fortalecidas por la experiencia es recurrir al sesgo del superviviente. Adivinen qué: quienes se han suicidado debido al acoso no están aquí para contar lo mal que les fue, y quienes quedaron con secuelas no van a hablar mucho del tema, ya sea porque les da vergüenza o porque tienen que lidiar ahora con problemas de ansiedad o lo que sea.

Y en serio, ¿para qué hacer el experimento con los críos, a ver cuál sobrevive y cuál no? ¿Qué somos, padres antivacunas? "A mi nene no lo vacuné, sufrió sarampión y se recuperó sin problemas, así que el sarampión no es tan serio como lo pintan"... dice la madre antivacunas cuyo crío no tuvo la mala suerte de ser hospitalizado y morir de una encefalitis causada por el virus, o de quedar con alguna secuela por el resto de su vida.

EL BULLYING OCURRE CUANDO UN MONTÓN DE ADULTOS NEGLIGENTES PERMITEN QUE UN NIÑO/ADOLESCENTE VULNERABLE SUFRA LAS CONSECUENCIAS DE DICHA NEGLIGENCIA. Es hora de acabar con esto. HOY.

¡NO, MÁS VIOLENCIA NO ES LA SOLUCIÓN!

Para empezar, es que gran parte del acoso escolar ni siquiera es físico sino verbal. ¿En serio queremos enseñar a los críos que hay que parar los insultos a golpes? ¿U obligar a un crío a defenderse a golpes de una agresión física, en lugar de que los adultos intervengan para frenar el acoso? Una cosa es que una persona decida aprender técnicas de defensa para protegerse de los asaltantes en la vía pública, OTRA COSA MUY DISTINTA ES PRETENDER QUE UN NIÑO SE EXPONGA A LESIONES O CAUSE LESIONES A OTROS NIÑOS DEBIDO A LA FALTA DE INTERÉS DE LOS ADULTOS POR CONTROLAR A LOS AGRESORES. ¡Que no vivimos en una maldita selva, gente! ¡La idea es bajar los niveles de violencia en el mundo, no preservarlos!

Esto es lo que pasa cuando se le dice a un crío que se defienda en lugar de defenderlo nosotros: 1) le estamos cargando al niño acosado un problema que en realidad deberían resolver los padres del acosador y/o los docentes (generándole en consecuencia una tremenda desconfianza en las autoridades), y 2) el acosador quizás deje de molestar al crío que se defienda... pero no dejará de ser un acosador, y lo más probable es que simplemente cambie su víctima por una más vulnerable.

Vamos, que se desatiende la otra mitad del problema: LA SALUD MENTAL DEL CRÍO ACOSADOR. Sí, quizás alguno se reforme por sí solo con el tiempo, PERO MUCHOS OTROS NO, cosa que también se ha medido. Un acosador puede convertirse después en un criminal, un esposo golpeador, un jefe abusivo, un colega tóxico o un policía como el que mató a George Floyd poniéndole la rodilla en el cuello. ¿Queremos eso? ¿DE VERDAD QUEREMOS ESO? YO NO.

¿Qué sentido tiene quejarse de que el mundo está mal si, en lugar de educar a los niños como seres civilizados, les permitimos perpetuar el ciclo de víctimas y victimarios? ¡ASÍ NO SE ARREGLA NADA, JODER!

Es hora de que los adultos en posición de hacer algo HAGAN ALGO DE UNA PUÑETERA VEZ. A ver si entre todos empezamos a mover el carro en esa dirección, ¿sí? Ya han sufrido (¡y muerto!) demasiados chicos.

G. E.

PD: Hay otro artículo (éste en español) sobre el tema aquí, resumiendo las consecuencias del acoso tanto para la víctima como para el acosador.

VÍNCULO DE LA IMAGEN EN PIXABAY
https://pixabay.com/photos/bullying-child-finger-suggest-3362025/

Algunas películas son tan, pero tan malas que ¡accidentalmente terminan siendo buenas! Eso fue lo que me pasó con la del título (véase la pa...

Algunas películas son tan, pero tan malas que ¡accidentalmente terminan siendo buenas! Eso fue lo que me pasó con la del título (véase la parte tachada, no lo que agregué yo por traviesa). La pillé en el cable por casualidad, vi el año de producción (1989) y pensé "qué diablos, ha de ser tonta pero entretenida". ¡Y no me equivoqué!

Para empezar, miren nada más la portada del DVD:

¡Arrr, soy el gran navegante de los siete mares, miren cómo sostengo mi espada apuntando al suelo mientras exhibo mis increíbles pechugas y miro a no sé donde con cara héroe forzudo estilo Schwarzenneger pero más sobreactuado!

Bien por el fotógrafo que le pidió a Lou Ferrigno semejante pose disparatada :-D Aparte de lo anterior, tenemos al villano de la peli asomando por encima del prota con un turbante negro y ojos desorbitados de malo maloso. Esto ya anuncia de buenas a primeras que la película será súper cutre, ¡y desde luego que no decepciona!

El póster original es un poquito menos tonto pero sigue haciendo bastante gracia:

¡Hola, soy Simbad, un simpático héroe con músculos a reventar, un lindo peinado ochentero y una espada bien grandota!

[Ahora se viene mi destripe de la película. Pueden ir a mirarla primero o seguir leyendo y mirarla después; no creo que importe el orden.]

La película arranca en la época actual (= el año en que se filmó), con una madre leyéndole a su hija las aventuras de Simbad. O sea, a lo largo de toooda la película toca aguantar periódicamente la voz de dicha mamá, un recurso típico de tiempos pasados cuando los productores no tenían suficiente dinero para mostrar en lugar de contar. (Lo perdono en los cortos de la Pantera Rosa y las películas de George de la jungla porque el narrador es gracioso y los personajes se pelean con él.)

En fin, ya dentro de la historia de Simbad vemos que, en el palacio de la ciudad de Basra (muy bonito, por cierto; seguro que filmaron esa parte en un escenario real), el malvado visir Jaffar hipnotiza al califa y captura a la princesa Alina a fin de casarse con ella. Esperen, ¿qué? ¡Esto me suena de algo! ¡Ejem, Disney!, ¿no te bastó con plagiar la serie de Kimba, el león blanco? ¡Deshonor sobre ti y tu vaca ratón! Oh, bueno, menos mal que ahí se acaban las similitudes en la trama. El visir es súper caucásico (actor británico), malamente disimulado por un maquillaje que le da un color entre moreno y rojizo, como si hubiera comido chiles picantes. A la princesa (una actriz italiana) la dejaron blanquita como la leche, en cambio, porque ya se sabe que blanco = bueno y moreno = malo (para los estándares racistas de tantísimas películas viejas e incluso nuevas).

Llega entonces a Basra el navegante Simbad junto con su tripulación, la cual incluye al príncipe del que está enamorado la princesa (cuyo nombre es Alí, EJEM DE NUEVO, DISNEY). De ahí en adelante es difícil ignorar las tremendas pechugas de Lou Ferrigno cada vez que lo muestran a él de frente, ya que en verdad son ENORMES, más que las de Dwayne Johnson. Tal vez deberían haber tenido su propia película fantástica, no sé, algo como Furia de los pectorales o Los pectorales bárbaros.

¿En qué estaba? Ah, sí, Simbad y su tripulación desembarcan en Basra y van al palacio a fin de que el príncipe se reúna con la princesa. El príncipe tiene pinta de metrosexual y encima va vestido con lo que parece un disfraz de príncipe de cuento de hadas. Simbad, a su vez, lleva un chaleco y unas calzas púrpura brillantes muy, muy ajustadas (supongo que para permitirnos apreciar las fortachonas piernotas de Lou, lo cual no es malo, en realidad; digo, bienvenido sea todo lo que nos distraiga un poco de sus pechugas). La tripulación cuenta también con un guerrero asiático vestido igualmente de forma súper colorida, tal que el faldón de su atuendo parece la bandera del orgullo LGBT+ (dicho guerrero pronuncia todo con L en lugar de R, sabe artes marciales, cita a Confucio y tiene un peinado con forma de cuerno, POR SUPUESTO). El tripulante vikingo es un tipazo grandote semidesnudo, con cabellera (¿o peluca?) rubia y un mazo que a todas luces es de utilería. Y bueno, es que no tenían presupuesto para armas reales tampoco (ni camisas).

Simbad nota que algo anda mal. Viéndose amenazado, Jaffar activa una trampilla igualita a la del señor Burns y ¡plof!, nuestro héroe va a caer a un foso lleno de serpientes. ¡No hay problema! Simbad convence a las serpientes de que no lo ataquen (whaaaa??), las ata para formar una cuerda (¡eh, eso es maltrato animal!) y escapa así del foso :-D Mientras tanto, la tripulación también ha ido a parar a las mazmorras para su tortura. Al compañero calvo de Simbad lo ponen sobre un tanque lleno de pirañas. "Las pirañas prefieren a los calvos porque no les gusta que se les atore pelo en los dientes", dice el torturador, y de nada sirve que su víctima le responda: "¡Pero yo tengo barba!" (un tercio de los diálogos en la peli son así de tontunos, casi a lo Mel Brooks).

Creyéndose a salvo, Jaffar arrastra a la princesa Alina a su laboratorio (¡el Jafar de Aladdín también tiene un laboratorio, Disney!, ¡deshonor ahora sobre tu pato!) y la aprisiona en un aparato acrílico con tubos llenos de fluido. ¿Qué qué qué? Supuestamente el aparato es para debilitar la voluntad de la princesa. Aparte de eso, Jaffar teletransporta a lugares remotos cuatro de las cinco gemas mágicas sagradas del reino (las cuales se parecen bastante a esas bolas de goma transparentes con protuberancias que se venden como juguetes para mascotas... o tal vez al coronavirus). Ahora Simbad y su tripulación deben recuperar los cuatro MacGuffins las cuatro gemas a fin de vencer a Jaffar y devolver el bienestar al reino. Bieeen, ya tenemos algo así como un conflicto en la trama (no todo iba a ser enfocar las pechugas de Lou).

Como era de esperarse, Jaffar tiene en su laboratorio una especie de pantalla mágica para observar a Aladdín Simbad y su tripulación, de modo que envía seres demoníacos a atacar el barco. Los demonios son bastante cutres y la pelea que sigue a continuación es bastante cutre también, pero divierte de todas maneras, ya que termina con Simbad arrancándole el corazón al demonio. Un corazón ¡CON CARA! (algo que podría haber salido de la peli Evil Dead 2, por ejemplo).

Bien, después de la pelea en el barco, Simbad y su tripulación van a una isla a consultar al Oráculo a fin de averiguar dónde están las cuatro gemas perdidas. Luego viajan a otra isla con forma de calavera (pos claro; siempre tiene que haber una isla con forma de calavera); una vez ahí, Simbad destruye en una cueva un monstruo rocoso de aspecto tan amenazador como un pisapapeles, obteniendo así la primera de las gemas.

Nota: las caras de Lou Ferrigno en las peleas no tienen precio, ya que cada vez pone la misma expresión súper exagerada de "¡grrrr, soy un héroe muy forzudo, miren cómo rompo todo con mis fabulosos bíceps!" (igualito que cuando hacía de Hulk pero menos verde).

Simbad y su tripulación se dirigen ahora a la isla de las amazonas, las cuales lucen tan maquilladas y enceradas como para entrar a un concurso de belleza (al parecer en dicha isla no hay enfermedades tropicales, parásitos, problemas de abastecimiento de comida ni algo tan simple como humedad ambiental; la verdad, hasta dan ganas de mudarse ahí). Encima, atacan a los marinos haciendo unas proezas gimnásticas al estilo Simone Biles. En pocos minutos atrapan a casi toda la tripulación de Simbad (al príncipe Alí lo duermen con un dardo en el culo, je je); el capitán, mientras tanto, se encuentra con la reina de las amazonas, una hermosa mujer negra (también maquillada y encerada) con tanto oro encima como para aparecer en el videoclip de algún rapero. La narradora larga algo así como "Simbad quedó cautivado por la gran belleza de la reina Farida", blablablá, por qué sigues hablando, narradora, no estás aportando nada a la historia (insertar expresión mía poniendo los ojos en blanco con cara de divertida paciencia).

Mientras tanto, en el palacio, resulta que el visir Jaffar tiene una cómplice: una rubia (corte de pelo ochentero, of course) con cuerpo de fisicoculturista y atuendo de dominatriz. La pobre no tiene mucho papel durante el resto de la película pero se burla constantemente de Jaffar, lo cual aporta su granito de arena a la tontería general de la trama. Quien tampoco tiene mucho papel es la princesa, atrapada el 90% la peli en el aparato del laboratorio. Asumo que a la actriz no le gustó mucho eso, ya que después protagonizó Fantaghirò, la cual va de otra princesa que se disfraza de hombre para salvar su reino (muy buena, la recomiendo).

Volviendo a la isla de las amazonas, Simbad está tan hipnotizado por la guapa reina cargada de oro que no escucha las súplicas de sus amigos capturados. No todo está perdido, sin embargo, ya que dos tripulantes (un médico calvo y un enano) se quedaron en la nave. Presintiendo que algo está mal, ellos bajan a la isla a ayudar y encuentran a Simbad todo baboso contemplando el baile sexy de la reina Farida. Le arrojan a su capitán una poción para librarlo del hechizo, y entonces Simbad le arrebata a Farida la segunda gema mágica, convirtiendo a la guapa mujer negra en una anciana caucásica con la cara pintada de marrón (¿En serio?, ¿no había en toda Italia una sola señora negra que pudieran contratar para la peli? ¡Pffff!) Los marinos regresan a su barco.

Como Jaffar aún puede ver todo con su pantalla mágica, lo que hace a continuación es convocar en forma grandilocuente unos poderosos "vientos de destrucción" para encallar la nave de Simbad en la Isla de la Muerte (uuuuh, ese nombre promete, ¿verdad?).

Ya en la mencionada isla, la presencia de los forasteros provoca que cientos de caballeros medievales muertos cobren vida y ataquen. Dan tanto miedo como el Hombre de Hojalata de El Mago de Oz. Simbad y sus tripulantes los rompen y aplastan como si fueran latas de aluminio en otra pelea bien cutre (lo único que no es cutre son los caballos de carne y hueso de los caballeros medievales, los cuales no llevan maquillaje macabro ni nada porque sin duda ese presupuesto lo gastaron en las amazonas).

Los ojos de Jaffar, quien a estas alturas está cómicamente enfadado (la mujerota fisicoculturista no deja de hacerle pullas), se encienden como los del X-Men Cyclops. El hechicero hace que la nave de Simbad se marche de la isla llevándose a la tripulación, de modo que su capitán queda solo y a merced del Rey Fantasma. Una vez más, ¡no hay problema!, ya que nada puede vencer las pechugas y bíceps de Lou :-) (ojalá tuviera algo así a mano para ayudarme con las reparaciones domésticas; me he cansado de empujar muebles de un lado a otro usando las piernas).

Simbad tiene ahora tres de las cuatro gemas perdidas (la tercera se la sacó al Rey Fantasma) pero está varado en la Isla de la Muerte. Aparece entonces una joven pelirroja (a estas alturas no sorprende que también esté súper maquillada) junto con su padre, un tipo excéntrico con un bigote a lo Salvador Dalí al que no se le entiende nada de lo que dice. El vestuario de ambos es hermosamente carnavalesco. La joven se llama Kira y su padre Nadir. Ella cuenta que los dos también están varados en la isla, y que la misma era bonita hasta que Jaffar les envió algo: la cuarta gema. Simbad y Kira van a un pueblo que parece estar lleno de leprosos, los cuales atacan. Simbad reparte golpes, Kira también (muy a lo princesa Fiona; la chica tiene carácter, me gusta), pero los espectros se llevan a la joven, de modo que Simbad tiene que ir a rescatarla. ¡Santas damiselas en peligro, Batman Lou!

Simbad corre a salvar a Fiona Kira, por supuesto, arrancando partes de los espectros como si fueran zombis de la serie The Walking Dead (puaj). Kira lo ve llegar y grita algo como "¡pégales, pégales!", lo cual hace que la dama me caiga todavía mejor :-D Simbad enfrenta entonces un nuevo monstruo, el cual es enorme, verde, baboso y un poco parecido al Grendel de la peli animada Beowulf. ¡Un monstruo que dispara rayos láser, encima! ¿Demasiado para los bíceps y pechugas de Lou? ¡Pues no!, ya que Simbad usa las tres gemas en su poder para convertir al monstruo, por medio de rayos láser también, en un charco pegajoso como de gremlin derretido.

A saber cómo, Simbad intuye que Jaffar lo está observando, así que mira a la cámara y le larga al hechicero algo así como "¡ja, estás perdiendo tu poder, Jaffar, te voy a ganar muy pronto!" (siempre poniendo cara de héroe forzudo con menos capacidad de actuación que cualquiera de mis zapatos).

Bueno, recuperadas al fin las cuatro gemas (la última estaba en el charco pegajoso, ugh, qué asco lo de levantarla sin guantes), Simbad, Fiona y Nadir suben al globo aerostático creado por este último. El globo necesita aire caliente, así que, no bromeo, SIMBAD LO INFLA A GOLPE DE SOPLIDOS (los pulmones de Lou han de ser tan musculosos como sus pechugas, si no cómo se explica). Con una música de fondo estilo paseo dominical (toda la banda sonora es igual de cutre que la película, por cierto, y no pega para nada con la historia), Simbad sopla que te sopla y finalmente el globo llega hasta el barco de nuestro héroe. ¡Bieeeen! :-) La tripulación entera hace una danza tonta y el vikingo baila con el guerrero asiático (lástima que no hicieran pareja, por eso de la falda con los colores del arco iris; habría sido un detalle muy adelantado a su época).

La nave los lleva a todos de nuevo al palacio, y Simbad, quien durante toda la búsqueda había llevado sus piernotas al aire, mágicamente vuelve a lucir sus calzas púrpura para la batalla final (pos claro, ya que no está bien entrar sin pantalones del tipo que sea a un palacio). Fiona Kira vuelve a repartir patadas, así que Simbad le larga un "estoy loco por ti" de lo más conmovedor. Ooooooooooou (corazoncitos corazoncitos).

Apenas Simbad llega al laboratorio de Jaffar, ¡éste lanza rayos al estilo Emperador Palpatine y lo encierra en una jaula eléctrica! ¡Qué horrooor! Nah, es broma, los bíceps de Lou pueden con eso también :-) Jaffar se pone entonces todo tétrico, "no te acerques, te estoy previniendo, voy a usar mi truco más devastador", y entonces...

Esperen, ¿adónde se fue la rubia ochentera fisicoculturista? Creí que le tocaría pelear con Simbad, pero de pronto ya no está por ninguna parte. ¿En serio la contrataron solamente para darle la lata a Jaffar? ¡Buuuu, qué desperdicio!

Eh... ¿dónde me había quedado? Ah, sí, el "truco más devastador" de Jaffar. El hechicero hace más gestos grandilocuentes, creando así ¡una copia de Simbad! ¡Más bíceps, pechugas y piernotas enfundadas en calzas púrpura, yuju!

Simbad pelea con Simbad (doble cantidad de expresiones sobreactuadas) y finalmente el Simbad real arroja su copia a un foso de lava que había en el laboratorio. Uh, ¡había un foso de lava además del aparato acrílico con tubos! Otro detalle loco de la película :-D A estas alturas ya me extraña que Jaffar no tuviera además un sirviente tipo Igor. O sea, si lo vamo' a hacer, vamo' a hacerlo bien, como decía Alberto Olmedo (un comediante argentino muy famoso en su momento).

Victorioso, Simbad devuelve las gemas a sus pedestales y libera de su prisión a la (francamente irrelevante) princesa, la cual se reúne a continuación con su (francamente irrelevante también) príncipe Alí. (Me habría encantado que el príncipe Alí y la rubia fisicoculturista se enamoraran uno del otro a primera vista y que después ella se retirara del laboratorio cargando al señorito en sus fuertes brazos; mucho más épico, ¿verdad?)

Amenazado por los héroes, Jaffar presenta su "renuncia" al califa... e inmediatamente después lo arrojan por la trampilla del señor Burns. ¡Adiós, Jaffarcito! Luego los héroes hacen una fiesta fiesta y asumo que Simbad se casó con la pelirroja buena onda. ¡Final feliz! (y la irrelevante narradora manda a dormir a su irrelevante hija, aunque me extraña que la nena no se durmiese antes debido al tono aburrido con el que su madre le leyó sus partes del guion de la peli).

En fin, es muy probable que vuelva a ver este despelote de película el día que la repitan. Es un clasicazo, en serio. Y ahora díganme, ¿los he animado a verla también? ¡No tengan miedo de confesarlo!

G. E.

PD: Esta peli no me gustó más que la animada, sin embargo, pero sí mucho más que la de Noé de Aronofsky.

Artículo relacionado: PELÍCULAS DISPARATADAS QUE ME ENCANTAN (1).

Aparte del bullying (del cual hablé aquí y aquí ), mi paso por la educación secundaria fue un largo, largo, largo período de aburrimiento ...

Aparte del bullying (del cual hablé aquí y aquí), mi paso por la educación secundaria fue un largo, largo, largo período de aburrimiento y de preguntarme constantemente para qué carajo me serviría lo que los profesores estaban enseñando. Debido a mi corta edad no tenía mucha experiencia sobre la vida ni el mundo, pero aun así me entró la fuerte sospecha de que mucha de la información que nos estaban obligando a estudiar era absolutamente innecesaria.

Esto. Es. Tan. Al pedo. Mátenme.

¿Y saben qué? Mis predicciones sobre lo que me resultaría útil o inservible en la vida adulta fueron bastante acertadas.

No, no me vengan con lo de "esa información sirve para desarrollar el cerebro, blablablá". Se puede desarrollar el cerebro de igual manera, o incluso mejor, con información útil, ahorrando de paso un montón de tiempo, por no hablar de que también bajaría la deserción estudiantil.

A ver, repitan conmigo: "Los programas de secundaria están obsoletos. Los programas de secundaria están obsoletos. Los programas de secundaria están obsoletos." No estaría escribiendo esta entrada si la cosa hubiera mejorado desde mi paso por el bachillerato, pero, considerando la falta de ciertos conocimientos que detecto hoy en día en gente más joven que yo, es obvio para mí que el problema no ha desaparecido. Menos mal que existe Google, ¡pero me inquieta que tengamos que usar Google cada cinco minutos para compensar las carencias de un sistema educativo defectuoso!

Para empezar, es que los propios profesores tienen que saber explicar cuál es la aplicación práctica de lo que están enseñando, en caso de que los estudiantes pregunten. Si la respuesta es "tienen que aprender esto para poder pasar el examen", entonces 1) el profesor está mal capacitado y hay que corregir eso o 2) la información realmente no le servirá de nada en el futuro al alumno, en cuyo caso no estaría mal sustituirla por algo que sí tuviera alguna utilidad.

Por ejemplo: en las clases de física nos obligaban a calcular repetidamente movimientos de objetos con formas geométricas en un entorno sin rozamiento. Dejando incluso de lado que yo había elegido la orientación de medicina para los dos últimos años del bachillerato, dichos cálculos ¡ni siquiera aplican a situaciones bajo la atmósfera de este planeta! (me explico: los entornos sin rozamiento sólo existen en el espacio exterior o los laboratorios avanzados de física). ¿Nos vieron cara de astronautas o qué? (bueno, algunos alumnos sí vivían en la Luna, metafóricamente hablando, pero yo sí prestaba atención en clase). A ver, ¿y si en lugar de eso nos hubieran enseñado más sobre las fuerzas que intervienen en una colisión, lo cual es de suma importancia en medicina humana o veterinaria debido a los accidentes domésticos o de tránsito? ¿Explotando cosas de vez en cuando en un laboratorio, de paso, como hacían en el programa Mythbusters?

Otro ejemplo: matemáticas en sexto año (todavía en orientación de medicina), las cuales consistieron en resolver hasta el cansancio ecuaciones de segundo y tercer grado (con sus respectivas y estúpidas derivadas, cuyo propósito no ha sabido explicarme nadie todavía). ¿Aplicación para eso en medicina humana o veterinaria? ¡Ninguna! Matemáticas que sí hacen falta en dichas profesiones: estadística, contabilidad (para mantener un consultorio) y... simples reglas de tres. Por no hablar de un poco de costura (útil para la ropa y también para las heridas).

La enseñanza del idioma español es un desastre ahora mismo (basta con echar un vistazo a las redes sociales para ver aberraciones como "aver" en lugar de "haber" o "lla" en lugar de "ya"), y las clases de literatura no ayudan mucho en el sentido de que los textos elegidos más bien asesinan el interés de los alumnos por la lectura en lugar de fomentarlo. (Lo siento, es que me parece más urgente fomentar el gusto por la lectura que enseñar a los alumnos la importancia de tal o cual aburridísima obra para la literatura de tal o cual siglo.)

La verdad, no entiendo qué estaban pensando quienes formularon los programas de música en mi adolescencia. A casi todos nos gusta la música, ¿verdad?, pero les juro que fue la asignatura más idiota de todas las que tuve que cursar. Casi no aprendimos nada sobre cómo interpretar una partitura. No aprendimos a tocar instrumentos. No aprendimos nada sobre historia de la música, compositores famosos ¡ni géneros musicales! Menuda cantidad de horas perdidas. Ojalá hubiéramos tenido YouTube para educarnos mejor sobre ese tema.

Astronomía me pareció potable, pero en la actualidad sería genial que explicaran cómo afectan las tormentas solares a las telecomunicaciones y cómo podrían evolucionar la minería de asteroides o la captura de energía solar directamente en el espacio. Y a ver, ¿CÓMO ES POSIBLE QUE HAYA GENTE HOY EN DÍA CREYENDO QUE LA TIERRA ES PLANA? ¡MECACHIS!

Educación física estaría bien si enseñara a los alumnos a mantener sus respectivos cuerpos en buen estado, en lugar de enchufarles a la fuerza actividades y deportes que no serán del gusto de la mayoría (mi experiencia).

Habría que integrar de alguna manera historia y geografía, y los profesores deberían enseñar cuánta importancia tienen para la actualidad todas esas cosas (ya que el pasado influyó sobre el presente y lo que pase hoy determinará el futuro). Vamos, que no sirve de nada obligar a memorizar fechas y accidentes geográficos si luego los alumnos no tienen ni p*ta idea de lo que fue y es cada país, o de cuánto influye la geografía en cuestiones sociopolíticas. ¡Invasiones motivadas por recursos naturales! ¡Volcanes que causan hambrunas globales o que determinan quién gana una guerra! ¡Culturas enteras modeladas por los diversos factores climáticos! Todo eso es súper interesante, ¡con más intrigas palaciegas y asesinatos que Juego de tronos!, pero quienes diseñan los programas educativos insisten en formularlo de la manera más aburrida posible. ¡Buuuuuuuuuu!


Con vídeos así (o al estilo Pascu y Rodri, que también se vale), clavado que historia se convertiría rápidamente en la asignatura más popular de todo el programa educativo. Ya me imagino a los chicos tarareando "mami yo soi guapa, mami yo soi guaaapa" en el examen :-D

Supongo que se entiende la idea. Y de verdad, de verdad habría que añadir lo siguiente a los programas de secundaria:

nutrición y preparación de alimentos
primeros auxilios
química de los productos del hogar y la salud (1)
algo de microbiología e inmunología (2)
reparaciones domésticas básicas
más inglés y algo de lenguaje de señas (3)
cómo usar Internet para resolver problemas

1. Así la población sabrá, como mínimo, que mezclar hipoclorito de sodio con amoníaco produce gases tóxicos. (Y si no lo sabían, pos ahora lo saben. ¡No mezclen esos desinfectantes, gente! Y puestos en ello, ¡no es lo mismo el hipoclorito de sodio que el cloro que se usa en las piscinas!)
2. Para que el público en general aprenda a diferenciar entre microbios patógenos y no patógenos y se acabe por fin la estúpida moda antivacunas.
3. Lo del lenguaje de señas no sólo serviría para entendernos con las personas naturalmente sordas, sino también para lidiar con la pérdida de audición en la vejez. Al precio que están los buenos audífonos...

En fin, ¿están de acuerdo con mi reflexión? ¿Se les ocurre algo más que habría que cambiar para mejorar las cosas? Soy toda oídos :-)

G. E.

Quienes han seguido este blog más o menos desde el principio saben que amo apasionadamente al chocolate y que incluso creé un culto dedicad...

Quienes han seguido este blog más o menos desde el principio saben que amo apasionadamente al chocolate y que incluso creé un culto dedicado a él. ¿Y qué mejor manera de pasar esta aburridísima cuarentena por el COVID-19 que haciendo cositas lindas con dicha materia prima? O sea, ¡vengan a mí, cacerola para el baño María y bloque de medio kilo de chocolate!

Encima, entre el pasto de mi jardín crece menta. Meeeeeeeeeeenta. Basta con acercarse un poquito a las plantas para sentir su delicioso aroma. ¿Qué hacer con toda esa menta aparte de infusiones? ¡Pues ponérsela al chocolate de alguna manera, claro!

Así fue como terminé con un montón de discos de chocolate rellenos con crema de menta, llamados originalmente peppermint patties :-) (receta aquí por si quieren hacer el experimento).


Y como me sobró algo de chocolate derretido, bañé unas cuantas nueces en él (buen uso no quirúrgico para las pinzas con dientes de ratón, por cierto).


¡Pero también tenía cacao en polvo más todos los demás ingredientes para hacer una tortita de chocolate en el microondas!


Qué linda, ¿verdad? ¡Como un enorme brownie redondito! :-D

Mi adorable unicornio se percató entonces de mis andanzas culinarias, y como ya se me estaba acabando el chocolate (¡nooooo, tragedia!), pues Cuernito decidió hacer más... ¡transformando la basura plástica que yo había separado a lo largo del mes para su reciclaje!


Me tomó un minuto recuperarme de la sorpresa (durante el cual devoré la mitad de lo que había sido una botella de aceite).

—Mmmmm, mmmmm, esto es... ¿te das cuenta de lo que significa? ¡Podrías solucionar la crisis mundial de la contaminación por plástico! —Cuernito movió la cabeza de un lado a otro—. ¿No? ¿Por qué? —Cuernito se encogió de hombros como diciendo "es difícil de explicar"—. Oh, bueno. Pero ¿es seguro al menos comer todo este chocolate? —Cuernito asintió de buena gana, agitando sus crines esplendorosamente como estuviera en una propaganda de L'Oréal.

Llamé a gritos a mi dragón, quien asomó el hocico a través de la reja de mi ventana.

—¡Tenemos que conseguir plástico, mucho plástico, y apilarlo en forma de montaña! ¡Con un castillo en la cima! —Me volví hacia Cuernito—. ¿Te parece bien? ¿Podrás con eso?

Cuernito volvió a asentir pegando al mismo tiempo unos saltitos de felicidad.

—¡A por ese plástico, entonces! ¡Me voy a desempolvar el carro de la compra para recolectar unos cuantos kilos yo también!

Nos llevó diez días recoger suficiente plástico para crear la montaña en un terreno baldío. (Antes de que me acusen de no respetar la cuarentena, les aseguro que Cuernito, Donald y yo nos pusimos mascarilla y mantuvimos la distancia de seguridad en todo momento. Además, es que la ciudad ha estado particularmente sucia desde que comenzó la pandemia, de modo que en realidad les hicimos un favor a los montevideanos.) Luego Cuernito puso su magia a la obra y...


Mientras Cuernito transformaba el plástico en chocolate, al estilo Elsa pero con poderes chocolatosos en lugar de criogénicos, yo me puse a cantar: "¡El cacao / el cacao / el cacao es fenomenal! / ¡El cacao / el cacao / el cacao feliz te hará!" (Alguien me tiró un zapato a la cabeza para callarme. Creo que fue Donald, ya que menuda cara de culpable tenía cuando me di la vuelta.)

¿Qué hacer con una montaña entera de chocolate? ¡Pues comerlo a pedazos o utilizarlo en más recetas, incluyendo bolitas de coco y chocolate y trufas de chocolate y menta! Sin embargo, a los pocos días entendí por qué no se resolvería así la crisis mundial de la contaminación por plástico: salvo por el chocolate consumido, la magia de Cuernito se desvaneció con la siguiente luna llena, y entonces el chocolate volvió a transformarse en molesto plástico no consumible ni biodegradable.

En fin, Cuernito volvió a convertir la montaña de plástico en chocolate, la cual se mantendrá así hasta la próxima luna llena (que caerá el 5 de junio). O sea, ¿quieren chocolate? ¡Pídanlo en los comentarios y mi dragón se los llevará a domicilio en bloques de dos kilogramos! (Donald usará mascarilla, pero en realidad creo que no puede pillar el coronavirus debido a su capacidad para arrojar fuego.)

¡QUE VIVA EL CHOCOLATE!

G. E.

PD: Antes de que me digan que en el segundo dibujito aparezco revolcándome junto a Cuernito en la montaña de chocolate, y que eso no ha de ser muy higiénico (cierto, no lo es), les prometo que todo el chocolate que pidan será mágicamente aseado por mi unicornio justo antes de cada envío. Vamos, que sería muy poco profesional de mi parte repartir comida con pelos (míos o de Cuernito), fibras de ropa o mugre de la suela de mis zapatos. Ah, y mi unicornio también dará formas más agradables a los bloques de chocolate; por ejemplo, réplicas de estatuas griegas desnudas o animalitos de aspecto encantador como pangolines, gatos, osos pardos o tarántulas (esto último para los amantes de las arañas, obviamente).

PPD: Avísenme si alguno de los enlaces externos deja de funcionar, porfa. Lo sustituiré por una receta equivalente (pos claro, ya que no tendría sentido cambiarla por una de falafel o muslos de pollo al horno).

Asumo que a estas alturas estamos todos hasta el moño/gorro/tupé del maldito SARS-CoV-2 del carajo. Vamos, que ya sólo faltaría que una fábr...

Asumo que a estas alturas estamos todos hasta el moño/gorro/tupé del maldito SARS-CoV-2 del carajo. Vamos, que ya sólo faltaría que una fábrica hiciera fideos con la forma del coronavirus para decir que lo tenemos hasta en la sopa. Encima, se parece bastante a un político corrupto; o sea, cuanto más lo investigan, más maldades le encuentran. Mi cerebro, por lo tanto, decidió ponerse creativo al respecto, y de pronto se me ocurrió lo siguiente: ¿qué tal si el condenado virus fuera, digamos, del tamaño de una pelota de fútbol, y con suficientes terminaciones nerviosas como para que pudiera sentir dolor? Aparte de que ya no conseguiría infectarnos, ¡eso nos permitiría vengarnos de él por tantos fallecimientos y cuarentenas!

Aquí va, pues, la lista de cosas terribles que le haría si pudiera, ¡ya que definitivamente merece todo eso y mucho más!:

pisotearlo hasta morir con botas bien pesadas
regalarlo como juguete a gatos bien sádicos
reventarlo con un garrote lleno de pinchos
dispararle en el aire como si fuera un dron espía
patearlo en una cancha aunque no me guste el fútbol
cocinarlo con un lanzallamas
obligarlo a escuchar los discursos de AMLO
arrojarlo a las pirañas
aplastarlo lentamente con una aplanadora
electrocutarlo hasta que quede bien frito
alimentar con él a Audrey II
explotarlo en el microondas
ejecutarlo con un garrote vil
ponerle canciones de Arjona hasta que muera de asco
machacarlo con el martillo de Thor
machacarlo con un simple mazo de construcción *
entregarlo a los cenobitas para su tortura
quemarlo con ácido sulfúrico
echarle los maleficios Cruciatus y Avada Kedabra

* Dado que, conociéndome, muy probablemente no sería capaz de levantar a Mjölnir. Tal vez mi Donaldito sí podría. Mi unicornio, pues no. Aunque no fuera tan travieso, tiene cascos en lugar de manos.


¿Qué le harían ustedes al coronavirus? ¡Se aceptan más sugerencias! (pero no escriban nada demasiado gráfico porque éste es un blog más o menos apto para todo público, gracias).

G. E.

PD: Les puse todos esos colores a las pinches partículas virales gigantes porque, total, no discriminan a nadie según su identidad de género u orientación sexual. Lo cual es un incordio, en realidad, pues sería genial que infectaran más bien en forma específica a las personas dañinas de este mundo, como los narcotraficantes, Nicolás Maduro o quienes cazan animalitos en peligro de extinción.

¡Aaaaaaaaaaaaah, cómo pasa el tiempo, leñe! Un día decidí empezar este blog y de pronto miro la fecha y resulta que llevo diez años con él. ...

¡Aaaaaaaaaaaaah, cómo pasa el tiempo, leñe! Un día decidí empezar este blog y de pronto miro la fecha y resulta que llevo diez años con él. MECACHIS, ahora me siento vieja. O bien por mí, ya que he llegado tan lejos con algo.

Eeeeeen fin, espero que hayan disfrutado mis artículos hasta la fecha y que disfruten también los que vendrán a continuación. ¡Y ojalá les guste el cambio de plantilla! Me tomó varios días seleccionar una y adaptarla a mi estilo. Para que se hagan una idea, así se veía la original: http://reading-soratemplates.blogspot.com/ (pongo el enlace por si a alguien le gusta la plantilla y quiere bajarla y aplicarla a su propio blog).

MIL GRACIAS A MI AMIGO KIKE, del blog AccionGlobalXSoft (con miles de artículos sobre software de todo tipo) por ayudarme con algunas cuestiones técnicas en el cambio de plantilla. A propósito: ¡menudas casualidades cósmicas, los dos creamos nuestros respectivos blogs el mismo día!

Y mil gracias a todos mis seguidores por acompañarnos a mi dragón Donald y a mí hasta aquí. ¿Quién quiere una tajada de pastel? :-)


G. E.

De chica, mi estación favorita era el verano simplemente porque coincidía con las vacaciones. Encima, por ese entonces también me gustaba ir...

De chica, mi estación favorita era el verano simplemente porque coincidía con las vacaciones. Encima, por ese entonces también me gustaba ir a la playa.

Hoy en día, sin embargo, las vacaciones para mí ya no coinciden con el verano y encima he perdido completamente el interés por la playa, de modo que... ¡VEN A MÍ, MARAVILLOSO OTOÑO!


Lo primero que me gusta del otoño es que ¡se lleva por fin el maldito calor veraniego que tanto me hace sufrir! Y claro, al llevarse el calor también se lleva a las malditas cucarachas y los podridos mosquitos (si bien hoy en día mi gato Osito se encarga sin problemas de las cucarachas, ya que tiene un gran instinto depredador).

¡Y la paleta otoñal es tan, pero tan agradable a la vista! Hojas de todos colores, primero en los árboles y luego en el piso, bien crujientes, para pisotear a gusto como cuando uno revienta las burbujas de aire en el plástico :-)


No me molesta barrerlas de mi acera, además. ¡El ejercicio sirve para tonificar los brazos! ¡Yeah, vengan a mí unos brazacos como los de Korra o Moana!

Al irse el calor, también ocurre que el pasto crece más despacio, y entonces ya no tengo que escuchar una o dos veces al día el molesto sonido de las cortadoras de césped (y luego el molesto sonido de las sopladoras, como si no hubiera rastrillos ni escobas para hacer ese trabajo sin perturbar a todo el vecindario).

Más ventajas del otoño: en algunos jardines de mi vecindario aparecen unas bonitas flores amarillas que sólo brotan en dicha estación, ¡el supermercado se llena de manzanas! y ¡el chocolate ya no se derrite ni ablanda a temperatura ambiente!

Mmmmm, manzaaaaanas.

¡Nada como un buen otoño para hacerme feliz por tres meses! ¿Les gusta a ustedes también? ¡Díganlo en los comentarios!

G. E.

VÍNCULOS DE LAS IMÁGENES EN PIXABAY
https://pixabay.com/photos/nature-autumn-leaves-stems-veins-2609978/
https://pixabay.com/photos/apple-autumn-leaf-still-life-1776744/

¿Recuerdan mi artículo sobre lo inconveniente que me parece la función reproductiva para tantos individuos de tantas especies ? Al final del...

¿Recuerdan mi artículo sobre lo inconveniente que me parece la función reproductiva para tantos individuos de tantas especies? Al final del mismo dije que no me parecería mal ser una hembra ualabí en una próxima vida, pero luego pensé lo siguiente: ¿y si las propias hembras humanas fuéramos marsupiales? Vamos, que los canguros han llevado bien el asunto desde que evolucionó su especie, ¿no?


Ups, ya me distraje. ¿En qué estaba? Ah, sí, hembras humanas marsupiales. A ver, es que tendría un montón de ventajas. Para empezar, ¡ADIÓS, MALDITA MENSTRUACIÓN Y TODOS SUS PROBLEMAS ASOCIADOS! Segunda ventaja: ¡NO MÁS MUERTES DE MUJERES DURANTE LA GESTACIÓN O EL TRABAJO DE PARTO, ya que los bebés nacerían súper mega subdesarrollados!

Y claro, al nacer los bebés en un estado casi embrionario, también se acabarían las muertes por abortos clandestinos. O sea, la mujer que no quisiera tener hijos podría pasarle inmediatamente el fetito recién nacido a una que sí deseara incubarlo en su marsupio. Esto requeriría una sincronización hormonal, claro, pero hoy en día no es un problema. La otra opción sería meter al fetito no deseado en un marsupio artificial conectado a un suministro de leche, algo bastante posible hoy en día también.

¡Pero las ventajas no acaban ahí! ¿Se dan cuenta de lo que supondría TENER UN BOLSILLO INCORPORADO, dada la fastidiosísima costumbre de los fabricantes de ropa de no añadir buenos bolsillos a las prendas femeninas? (En serio, es un tema por el que venimos protestando hace rato las mujeres pero los dichosos fabricantes siguen sin darnos bola, lamadrequelosparió.) Podríamos guardar numerosos objetos pequeños en el marsupio: las llaves, dinero y tarjetas de crédito, pañuelos de papel, el móvil, un peine e incluso algún bocadillo que no se derritiera con el calor corporal (o sea, nada de chocolate, pero bueno, no se puede tener todo). ¡Y no haría falta usarlo para llevar compresas o tampones de emergencia, ya que, como puse arriba, ese problema dejaría de existir! ¡Hurra!

Lo bueno de los marsupios es que se estiran mucho, de modo que probablemente no se llenarían de estrías como le pasa a la piel humana normal. ¡Otra ventaja! Y en caso de engordar un poco... podríamos usar la excusa de que "llevo un libro muy grueso en el marsupio porque soy así de intelectual, ¿viste?" :-D (En caso de no engordar, seguro que muchísimas de nosotras cargaríamos libros en el marsupio de todas maneras, o por lo menos un Kindle o similar.)

Habría algunas desventajas menores, sin embargo. Para empezar... pelusas. Como las que se juntan en el ombligo pero más grandes (no problem, bastaría con lavarse bien o incluso usar una miniaspiradora). El otro problema (muy degradante, de hecho) serían las revisiones en los aeropuertos para evitar el contrabando, y quizás también en caso de un asalto (vamos, que los ladrones definitivamente esculcarían a las mujeres para obtener los bienes guardados en cada marsupio).

Y para las propietarias de gatos... bueno, apenas los mininos descubrieran que pueden meterse en nuestros respectivos marsupios, sin duda nos suplicarían constantemente para pasar el rato ahí, cómodos y calentitos :-P


¡Gatetes!

G. E.

VÍNCULO DE LA IMAGEN EN PIXABAY
https://pixabay.com/photos/joey-kangaroo-baby-australia-4119815/
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