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11 de febrero de 2020

CUANDO MI GATO FUE HUMANO (2)

¿Qué hacer cuando tu unicornio ha convertido a tu gato en un muchachito? ¿Mandarlo al instituto a que aprenda cosas de humanos? ¿Llevarlo a pescar? ¿Obligarlo a pasar la aspiradora para quitar todos los pelos que desperdigó por la casa siendo un gato?

Decidí sacarlo a pasear por la ciudad, cosa que no me era posible hacer con él siendo un gato, considerando la cantidad de gente que lleva sin correa a sus condenados perros.

—¡Qué grande es el mundo! —dijo Osito mientras dábamos vueltas por el vecindario—. ¡Y cuántos humanos!

Nos habíamos cruzado apenas con veinte personas, pero claro, ¿cómo podría haberse dado cuenta mi nene, en su forma gatuna, de la cantidad escalofriante de humanos que existen en el planeta? Difícil también que llevase la cuenta de los que circulan frente a mi hogar cuando él pasa el rato escondido en el jardín.

—¡Oh, un pájaro! —exclamó Osito de pronto, y a los dos segundos estaba con el culo en el piso tras haber intentado, sin éxito, escalar un árbol en busca de la avecilla. Me miró con cara de desconcierto.

—Si te sirve de consuelo, hace muchos años que yo tampoco soy capaz de trepar árboles, cariño. Supongo que es más fácil con garras y menos kilos de peso.

Osito se limpió el trasero de los pantalones.

—¿Cómo hacen los humanos para subir a sitios altos si no pueden saltar casi nada?

—Escaleras, bebé, escaleras.

—¿Los humanos han inventado aparatos para compensar todas sus carencias físicas? Uau.

Percibí un tonito sarcástico en sus palabras, pero no me atreví a responderle ya que, en parte, considero a los gatos criaturas muy superiores a los humanos :-P

En fin, mi pobre Osito no tardó en descubrir por qué no puedo sacarlo a pasear en su forma gatuna. Ningún chucho sin correa se le tiró encima, pero a cada rato nos ladraba a lo loco algún perro desde el otro lado de un muro o reja.


—Ains, pero ¿qué pulgas han picado a estas criaturas, por el amor de Bastet? Yo no le siseo a cada persona que pasa por nuestro territorio.

—Ya, ¿qué le vamos a hacer? Los perros son un poco ton... Espera, ¿acabas de decir "por el amor de Bastet"? No recuerdo haberte dicho que Bastet es la diosa de los gatos.

Osito se encogió de hombros, lo cual me dio un poco de yuyu, la verdad. No sé, tal vez deba conseguir una estatuilla de Bastet y hacerle ofrendas de salmón ahumado y hierba gatera o algo así.

¿En qué estaba? Ah sí, los perros molestos. Bien, no todos los perros en mi vecindario entran en la categoría de ruidosos insufribles; muchos de ellos son sociables, y por lo tanto he conseguido ganar su amistad. Llevé a Osito por esas casas para ver qué pasaba, y la verdad es que mis amigos caninos no me decepcionaron: se dejaron acariciar sin problemas por mi gato en su forma humana, sobre todo una perra labradora negra cuya mejor amiga es... una gata de color arena.

Y claro, Osito aprovechó para acariciar a la gata también.

—Es muy suavecita. Y muy guapa. —Abrazó a la gata—. ¡Oooooh, me está ronroneando!

Me tomó media hora separar a Osito de la gata, ya que estaba algo así como enamorado :-D Peeero... se me había ocurrido que teníamos que pasar por un sitio en particular, uno de gran importancia para mi nene. Llegamos ahí al cabo de un rato y encontramos dos gatazos atigrados de color naranja, a los cuales llamé según mi costumbre. Ambos se aproximaron a saludar y luego olfatearon a Osito como si ya lo conocieran.

—¿Los recuerdas? —le dije a mi muchachito—. Son tus hermanos. La última vez que estuviste con ellos eran muy chiquitos.

—¿Mis... hermanos? ¿Hermanos?

Osito abrió los ojos como platos. Se aproximó entonces una gata gris.

—Sí. Y ella es tu mamá. O sea, la que te trajo al mundo.

—¿MI... MAMÁ? ¿¿MI MAMÁ??

A continuación gasté todos lo pañuelos que traía conmigo, ya que Osito reaccionó de esta manera:


En serio, qué ternura. Imagínenme con corazoncitos brotando por todos mis poros.

Permanecimos ahí un largo, largo rato y saludamos de paso a Marianne, la mujer que cuidó a Osito cuando murió su antigua dueña y que hoy en día sigue cuidando a los hermanos y a la mamá de mi nene. ¿Ven?, todavía hay gente buena en este mundo :-)

Nos retiramos a la hora del almuerzo... y entonces Osito se arrojó sobre una paloma, la pilló con ambas manos y empezó a arrancarle las plumas (¡lo que chilló la pobre!).

—¡OSITO, DEJA ESA PALOMA, QUÉ TE DIJE SOBRE CAZAR PÁJAROS!

—Pero... pero... ¡tengo hambre, mami!

—¡Suéltala!

La paloma se marchó tras dirigirle a mi nene una clara mirada de indignación con picotazo incluido. Se alejó volando... y acabó en las fauces de mi dragón, quien nos había estado siguiendo por la ciudad. Donald saludó agitando la mano.

—¡Eh!, ¿por qué él puede comer palomas vivas y yo no? —protestó Osito.

—Porque no es higiénico, cariño. A Donald no le pasa nada porque las rostiza en su estómago. Ven, vamos al supermercado a comprar medio pollo asado con patatas y un kilo de duraznos.

Dicho y hecho. Nos sentamos a comer en una plaza, pero terminamos compartiendo buena parte del pollo con dos gatos callejeros, tres gaviotas y un carancho con cara de mafioso :-D (En serio, no nos atrevimos a espantar al carancho; daba la impresión de que nos haría jirones en caso de negarle trocitos de carne.)

Pasamos el tiempo entre el almuerzo y la cena paseando en dragón :-)

Horas más tarde, ya en la cama, le leí a mi muchacho el libro El asombroso Mauricio y sus roedores sabios hasta que al fin empezó a bostezar. Apagué la luz.

—Gracias por mostrarme el mundo hoy —dijo Osito.

—De nada, cariño.

—Y gracias por llevarme a visitar a mis hermanos y a mi mamá.

—No hay de qué.

Osito dijo una última cosa antes de dormirse:

—Pero tú eres mi mamá ahora, y no cambiaría eso por nada. Hasta mañana, mami.

Corazoncitos brotando por todos mis poros otra vez.

G. E.

(Esta historia continuará.)

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5 de febrero de 2020

CUANDO MI GATO FUE HUMANO (1)

Fue obra de mi unicornio Cuernito, obviamente, porque ¿quién más en mi casa podría haberlo hecho? En fin, la cosa es que desperté a la mañana y, en lugar de ver la negra cara de mi gato asomando junto a mi cama, me encontré de pronto con un jovencito moreno de ojos dorados.

Menudo susto del carajo me pegué. Tras dar un salto en la cama y buscar el objeto contundente más cerano (el ventilador), encaré al jovencito pensando que debía de tratarse de un ladrón.

—¿Mamá? —dijo el muchacho, lo cual me confundió todavía más.

—¿De qué estás hablando? ¿Quién eres tú? Yo no soy tu m...

Entonces caí en cuenta de que el jovencito tenía exactamente el mismo color de ojos que mi gato, así como una cicatriz en la oreja derecha.

—¿Osito? ¿Eres tú?

—Me siento raro, mamá.

Bajé de la cama y abracé a mi pobre gato convertido en humano.

—Tranquilo, todo está bien. ¡Cuernito! ¡¿Qué carajo has hecho esta vez?!

Mi unicornio asomó su preciosa cabeza poniendo cara de "no sé de qué estás hablando".

—¿Le estornudaste a Osito en la cara, o acaso estabas aburrido y decidiste experimentar con tu magia? ¡Esto no es gracioso! ¿No te alcanzó con haber agrandado a mi gato por accidente hace dos años? ¡Vuelve a convertirlo en lo que era!

Entonces Cuernito tuvo el descaro de ¡sacarme la lengua y escapar corriendo!

—¡¿Pero qué te has creído, pedazo de... de... de...?!

Y ahí me quedé sin palabras, ya que mi unicornio es demasiado bonito y adorable. ¿Cómo podría reprocharle travesura alguna? De verdad, sería como enfadarse con un arco iris del que lloviesen bombones de chocolate rellenos de coco, crema de menta y/o licor de fresa (ñam ñam).

Sin embargo, el problema persistía: mi gato ya no era un gato sino un muchacho. ¿Cómo manejar tal situación? Mi pobre Osito se estaba poniendo muy nervioso, además.


—Ya, ya, mi precioso. No pasa nada, simplemente ya no eres un gato sino un humano. Encontraré la manera de devolverte a tu forma original. Ven, tal vez te calme un poco de comida.

Le puse a mi gat... digo, a mi muchacho, un plato de arroz con pollo. Al principio tuve que alimentarlo yo misma, ya que Osito no sabía cómo coger un tenedor.

—¿Qué pasó con mis bellas garritas? ¿Para qué sirven estos apéndices tan largos?

—Son dedos, mi amor. Se usan para sujetar cosas.

—No parecen muy út... —Cogió el tenedor y le dio varias vueltas—. Oh. De acuerdo, creo que ya entendí cómo funcionan.

Masticó dos o tres bocados de pollo pero miró el arroz con desconfianza.

—¿Son larvas de bichos? ¿Por qué no se mueven?

—No son larvas, son semillas de una planta.

—¿Una planta? Yo no como plantas, sólo cosas que caminan, se arrastran o vuelan.

—No te preocupes, los humanos sí podemos comer plantas. Prueba el arroz, tal vez te guste.

Al final sí le gustó, y se calmó bastante después de eso. Entonces me dijo:

—¡Estoy casi calvo y cubierto de una extraña piel que no es mía!

—Se llama "ropa", cariño. Es lo que usamos los humanos a falta de pelaje. ¡Y mira, así ya no se te subirán las pulgas! —Decidí no contarle que existen los piojos.

—¿Pulgas?

—Sí, esos bichitos molestos que hacen que te rasques y que me obligan a ponerte en el cuello ese líquido que huele tan feo.

—Ah.

—¿Verdad que así te sientes un poco más fresco, con este calor horrible que hace ahora?

—Bueno, sí. Pero ¿cómo se supone que voy a vivir ahora? ¿Puedo tirarme en el piso a dormir una siesta? Espera, ¿por qué ya no tengo ganas de dormir una siesta, si es la hora de mi primera siesta?

—Los humanos sólo dormimos ocho horas al día.

Osito abrió los ojos como platos.

—¿SÓLO OCHO HORAS AL DÍA? ¿¿Y cómo cuernos hacen para funcionar??

—Tranquilo, es lo normal para nuestra especie. El problema es que ahora tendremos que buscarte otras cosas que hacer. Mmmm, ¿quieres jugar a algo?

Fui a buscar el puntero láser pero no le llamó la atención.

—¿Por qué ya no me parece divertido tratar de pillar el puntito brillante? ¿Y por qué tiene un color distinto ahora? —Osito miró en derredor—. Todo tiene colores distintos, ahora que lo pienso.

—Sí, bueno, es que los humanos vemos más colores. Ven, ya sé qué podemos hacer para entretenerte.

Pasamos las siguientes dos horas jugando a rebotar una pelota contra la pared :-D Lo sé, no fue muy imaginativo de mi parte, pero es que hacía DEMASIADO calor.

Osito lo pasó un poco mejor a la hora del almuerzo. Le gustaron las frutas, no le hicieron mucha gracia las verduras (bueno, seamos realistas: a muchos humanos tampoco les hacen gracia) y AMÓ el chocolate.

—¡Esto es delicioso! —dijo entre bombón y bombón—. ¿Por qué nunca me diste nada de esto?

—Disfrútalo mientras puedas, cielete, porque los gatos no sólo no pueden sentir el sabor dulce sino que además el chocolate les resulta tóxico.

—Bue. Qué mal.

—Más tarde te serviré una porción de helado de chocolate.

Osito sonrió. Noté que seguía teniendo unos colmillos bastante largos, lo cual me pareció algo escalofriante en un rostro humano, como si fuera un vampiro.

En fin, después de enseñarle a Osito cómo ir al baño (o sea, el de mi casa, no su caja sanitaria) pasamos varias horas charlando frente al ventilador. Le expliqué a mi nene por qué no le permito salir al jardín a determinadas horas (automóviles y gente que pasea a sus perros sin correa), por qué no le permito asesinar aves, cuánta ternura me da cuando pide mimos, y lo poco que me importa que llene todo de pelos, ya que para algo están las aspiradoras (aquí aproveché para decirle que la aspiradora es inofensiva; el pobre siempre se asusta cuando la enciendo).

Él habló un poco menos; básicamente me dio a entender que es muy feliz viviendo conmigo, sobre todo cuando le permito dormir en mi regazo. Esto yo ya lo sabía, sin embargo :-)

Mientras tanto, mi unicornio seguía desaparecido, el muy sinvergüenza (o tal vez estaba pegado a una pared y yo no era capaz de verlo debido a sus poderes camaleónicos). ¡Pequeño cabrón mágico tierno y dulce como un pastelito!

En fin, apenas disminuyó un poco el calor, puse algo de música y le enseñé a Osito a bailar :-) ¡Lo hizo bastante bien para ser la primera vez! Debió de ser por toda la práctica que ha adquirido tratando de pillar sus juguetes en el aire cuando juego con él.

—¡No sabía que bailar fuera tan divertido! —exclamó—. ¡Me encanta esto que llamas "música"! ¿Por qué no me gustaba antes?

—Eso no lo saben ni los científicos, precioso mío. Tendrías que haber nacido loro en lugar de gato. ¡Oh, espera, quizás te resulten graciosos los vídeos de loros y cacatúas bailando! ¡Ven, te mostraré algunos!

Empezamos con los vídeos de loros y cacatúas y terminamos riéndonos con los vídeos de gatos, como era de esperarse.

—¡Mami, mami, si vuelvo a ser gato quiero que me consigas una de esas cosas que dan vueltas por el piso!

Se refería a un robot aspiradora :-) Le prometí conseguirle uno para su próximo cumpleaños (pero más vale que no se asuste de él cuando al fin lo tenga delante y moviéndose, ¿eh?).

Finalmente cayó la noche.

—¿Por qué está todo tan oscuro? —preguntó mi muchachito.

—Es que los humanos no vemos tan bien en la oscuridad. Espera, iré a encender la luz.

Eso hice.

—¡Oh, por fin lo entiendo! —exclamó Osito—. ¡Así es como logras que sea de día y luego de noche!

Cinco minutos después tuve que apartar a Osito del interruptor porque no dejaba de toquetearlo, súper fascinado con su nuevo descubrimiento.

—Ya, ya, bebé, vamos a cenar. A ver qué te parecen las zanahorias y los maníes. Y el helado de chocolate, ¿recuerdas?

—Eres tan atenta conmigo, mamá.

Osito recostó su humana cabeza en mi hombro. Le di un beso en el pelo. Conste que nos llevamos así cuando él es un gato, por lo que ambos gestos no fueron nada nuevo.

En fin. Cenamos, vimos en la tele la película La vida secreta de tus mascotas, y por último saqué para Osito la cama que está debajo de mi cama.

—A ver si mañana consigo que Cuernito te devuelva a tu forma gatuna —le dije a mi nene tras besarlo en la frente.

—Bueno. Pero no está del todo mal esto de ser humano, al menos por ahora. Me gustó el helado.

—Me alegro.

—¿Mami?

—¿Sí, cariño?

—Noté algo extraño cuando fui a hacer pipí.

—¿Qué cosa?

—¿Por qué no tengo bolas ahí abajo?

—¡Hasta mañana, que duermas bien!

Apagué la luz y fingí dormirme de inmediato :-P

G. E.

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30 de enero de 2020

SOBRE CORONAVIRUS Y TEORÍAS DE CONSPIRACIÓN

¿Recuerdan mi entrada sobre las paranoias antimicrobianas? Bien, supongo que a estas alturas ya estarán enterados sobre el dichoso coronavirus que apareció en Wuhan, China... por no hablar de una o dos teorías de conspiración relacionadas al mismo.

¡Plaga! ¡Enfermedad y muerte! ¡Pánico! ¡Virus fabricados en laboratorios para hacer ganar dinero a las farmacéuticas! ¡O tal vez lo crearon para reducir la población en China!

¡Témanme, soy el MAL! ¡MUAJAJAJAJA!

Mientras tanto, quienes hemos tenido que estudiar microbiología y enfermedades zoonóticas más bien estamos... levemente resignados y esperando que algún laboratorio fabrique la vacuna correspondiente, como si se tratara de cualquiera de las otras plagas que han azotado a la humanidad a lo largo de la historia.

En serio, que más allá de las pobres personas muertas (mis condolencias), ESTO NO ES NADA NUEVO, GENTE. ¿Grave? Sí. ¿Preocupante? Pues claro. ¿Perfectamente normal? TAMBIÉN.

La historia de la humanidad empezó casi casi como la frase que dice Seth MacFarlane en la película Un millón de formas de morir en el Oeste: "Todo lo que no eres tú está tratando de matarte." Con lo de "todo" me refiero a animales, otros humanos, ¡un número considerable de plantas!... y los microorganismos patógenos.

Con el tiempo aprendimos a defendernos de todo eso, ¡pero vaya que aún nos quedan plagas a patadas! Lo que pasa es que no son noticia porque no son novedad, pero siguen ahí, vivitas y coleando salvo por la viruela humana y la peste bovina (ambas erradicadas gracias a la vacunación; tomen nota, antivacunas).

Coronavirus: ¡Témanme, soy el MA...!
Virus del ébola: Sí, cómo no.
Virus del sarampión: Este tipo no se ha enterado de que hoy en día estoy matando un montón de niños gracias a los antivacunas.
Virus de la rabia: Yo sigo como si nada, y todavía no hay cura para mi enfermedad una vez que llego al cerebro, ñejeje.
Bacilo de la tuberculosis: ¡Mírenme, continúo matando gente a pesar de los antibióticos! ¡Yuju!

Otros patógenos que están liquidando personas hoy en día sin que los periódicos/noticiarios les den importancia: la gripe común, la cepa enterohemorrágica de Escherichia coli, la salmonelosis, el dengue, la malaria y la fiebre amarilla. El ántrax y la peste bubónica tampoco han desaparecido. La bacteria causante del botulismo y las algas de la marea roja aún son capaces de producir dos de las toxinas más potentes que se conocen.

O sea, los laboratorios no necesitan inventar microbios nuevos; los que ya tenemos no han dejado de molestar ni de generar ganancias. Por no hablar de que, al menos en cuanto a las farmacéuticas se refiere, se recauda más con los suplementos y los fármacos para las enfermedades crónicas que con los tratamientos para las enfermedades infecciosas.

Al gobierno chino no le sirve tener una crisis de salud, así que podemos descartar esa teoría también. Podría funcionar como premisa para una película, sin embargo :-) ¿O qué tal la idea de que la naturaleza se está vengando de los chinos por llevar al borde de la extinción a tantas especies para fabricar sus estúpidas "medicinas" alternativas? ¡Vaya manía que tienen de comer casi cualquier bicho viviente, además! Al parecer este nuevo coronavirus proviene de las serpientes o los murciélagos. Pfff, hay que comer serpientes y murciélagos preparados en condiciones sanitarias cuestionables. ¿No oyeron hablar del hombre que adquirió una infección mortal por tragar una babosa cruda? (No bromeo, fue un caso real, googléenlo.)

En fin, no se angustien. Cuídense mucho y dense todas las vacunas correspondientes para las enfermedades que ya tenemos. Esto es sólo otro episodio en la batalla ancestral entre los microbios y los humanos.

¿¿Me estás diciendo que no soy especial??

Nop, no eres nadita especial, coronavirus bebé. ¡Ya encontraremos la manera de controlarte, como a tantos otros patógenos! (Pero qué lástima que no eres un virus específicamente diseñado para acabar con la gente tarúpida o maligna del mundo, eso sí que habría sido genial y muy útil. Te mandaríamos directamente a la nariz de Nicolás Maduro, para empezar.)

G. E.

PD: Por si no confían en mí, este artículo también enumera otras enfermedades que los animales pueden transmitir a los humanos.

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Soy una mujer de intereses variados, incluyendo el chocolate, los dragones, la películas de superhéroes y las novelas de horror. Escribo porque no concibo la vida sin escribir.